Sicario moral

Julio 23, 2017 - 11:40 p.m. Por: Mabel Lara

‘Popeye leyenda’, así se hace llamar en la red social Twitter el exjefe de sicarios del capo narcotraficante Pablo Escobar Gaviria quien por culpa de la tecnología ahora se encuentra pontificando sobre lo divino y lo humano en Colombia.

El más reciente capítulo es su intermediación en el debate nacional entre el periodista Daniel Samper Ospina y el expresidente Álvaro Uribe Vélez por un trino del exmandatario que sindicaba al columnista de violador de niños. Mucho se dijo sobre el particular; los seguidores del senador lo defendieron argumentando la ley del talión, el ojo por ojo, diente por diente y recordaron los escándalos de la revista Soho bajo la dirección de Samper enfrentado a la curia con publicaciones polémicas.
El episodio continúa, se retroalimenta en las redes sociales y según se han dicho los implicados, irá hasta estrados internacionales. Que siga el proceso que cada una de las partes considere, pero lo realmente aterrador es que aparezca en el escenario uno de los hombres que más daño le ha hecho al país. El señor John Jairo Velásquez, también conocido como Popeye, el jefe de sicarios de Escobar quien participó, según las cifras más tímidas en 3.000 de los 4.000 asesinatos que le sindican al patrón del mal.

“Daniel Samper es un vómito y ser despreciable. Un sicario moral. Miembro de una maldita familia que le hace mucho daño al país”. Manifestó quien ahora se auto reconoce como defensor de los derechos humanos.

En su TL también hace encuestas donde privilegia al narcotráfico por encima de otros delitos en Colombia. Malditos, ratas, asesinos son algunas de las palabras que se encuentran en su perfil seguido por más de 33 mil personas. Se nos olvida también que en su momento y bajo la los reflectores que ahora lo han vuelto estrella y líder de opinión en un documental para Univisión el señor Velásquez atacó al expresidente Uribe y lo vinculó al narcotráfico.

Me podrán decir que el señor Velásquez ya pagó ante la Justicia sus crímenes, que ahora como cualquier ciudadano tiene derecho a opinar o participar del debate público. Claro, que lo haga, lo que sí no puede y la Corte Constitucional nos avala es incitar a la violencia, esa que sembró cuando empuñaba armas y el terror asesinando a más 250 personas en Colombia que reconoció. O cuando secuestraba a políticos como Andrés Pastrana o Francisco Santos, o coordinaba atentados terroristas como el del triste vuelo 203 de Avianca, sin recordar el magnicidio del líder liberal Luis Carlos Galán Sarmiento.

Que todos los ex en este país: exsicarios, exguerrilleros y exparamilitares entiendan que en la legalidad la libertad de expresión tiene sus límites, faltaba más que ahora que han depuesto las armas sigan asesinando con sus palabras.

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