Secreto a voces

Secreto a voces

Octubre 29, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mabel Lara

Y no pasó y no va a pasar a mayores. La campaña #Metoo o en español #Yotambién que puso en evidencia las presiones sexuales del productor de cine Harvey Weinstein en Hollywood empieza a diluirse; no porque la quieran silenciar o porque los secretos que salieron de entre las faldas de las actrices no fueran escabrosos, sino porque el tema del acoso sexual es tan antiguo como la humanidad y se ha naturalizado.

Todas las mujeres en algún momento de nuestras vidas hemos sufrido de una u otra forma acoso sexual: jefes, profesores, mandatarios que en medio de una relación de poder y subordinación solicitan favores sexuales explícitos o sugeridos a cambio de estatus o ascenso laboral.

Y la estrategia es sencilla: invitaciones inicialmente grupales, luego individuales, por fuera del horario laboral o escolar, privilegios en calificaciones o permisos, halagos repetidos y cuando se rehúsan o empiezan a poner barreras a los acercamientos llegan los bloqueos y retiro de privilegios.

El meollo es que casi todo el entorno de la víctima acosada siempre se entera y no hace nada. En nuestros universos de interacción bajo rangos de poder incluso se premia a la escogida convirtiéndola en intocable, por ser la elegida del que está al mando. Y me disculpan los señores que en esta columna hable en femenino, pero sí es un tema mayoritariamente de mujeres, porque en un mundo dominado por hombres aparecen con mayor incidencia los abusos por parte de ellos.

En días anteriores en una conversación coloquial en radio confesé que yo también en mi época universitaria había sido acosada; lo que me sorprendió fue la cantidad de personas que me exigían demandar, contar quién me había presionado hace 26 años. Los mensajes que recibí eran una mezcla de morbo y felicitaciones por tener la valentía de expresarlo públicamente, pero lejos de poner el foco sobre mi episodio personal, mi interés era decir que nos pasa, que no es ficción de Hollywood, que en Colombia diariamente miles de mujeres se enfrentan a jefes, directores y profesores abusivos que como en el caso de Weinsten han utilizado su autoridad para tener sexo.

Qué asco, nada más fascinante que la felicidad de seducir y sentirse seducido, nada mejor que una relación libre y consentida y qué bien se siente decir NO. Cambiar las copas de vino por un café, cambiar los almuerzos en hoteles por meriendas en mesas de oficinas y en horarios laborales, qué bien se siente edificar una carrera cerrándole al paso a las pretensiones de los poderosos sobre tu cuerpo, si tú no quieres acceder.

Para muchas de nosotras fue fácil decir no, pero otras mujeres en su familia, su trabajo o universidad tal vez están siendo acosadas por cerdos como Weinstein y deben saber que son víctimas de un delito.
Es una lástima que este episodio vaya a desvanecerse como un caso más de la excentricidad de los famosos, eso es lo negativo del hashtag #Metoo #Yo también. Lo positivo es que nos puso a hablar del tema y a desnaturalizar la vieja costumbre de presionar para acostarse. Nada más falto de huevos.

VER COMENTARIOS
Columnistas