“Yo no sé nada”

Julio 01, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Nadie, al parecer, sabe lo que ocurrió en doce meses de discusiones sobre la reforma. Nadie sabe cómo llegaron los micos. Nadie, cómo fue posible que se olvidara la justicia.El único que respondió como debe ser fue el ministro Esguerra, a quien deberían levantar una estatua por reconocer sus responsabilidades aunque niegue sus errores. Fue algo insólito en un heredero político de Ernesto Samper, famoso por decir “aquí estoy y aquí me quedo” mientras el país se caía a pedazos al descubrirse la financiación del narcotráfico a su campaña. Fue ésta la cumbre del descaro que entronizó en Colombia la teoría de que renunciar es morir y que no importa la opinión pública.Decía que el único fue Esguerra, porque los demás no vieron nada. Empezando por el presidente del Partido Liberal y de la Cámara de Representantes, el hijo de César Gaviria que fue capaz de decir con arrogancia que él leyó por encima el acta de conciliación que firmó. Y siguiendo por un señor Corzo, presidente del Senado él y procera figura del Partido Conservador que queda, quién también firmó sin leer porque tenía que irse para la China. Ellos no supieron nada, por lo cual no renuncian.Y claro, los doce del patíbulo, perdón, los conciliadores, tampoco vieron nada anormal en aprobar unos cambios con perlas como la de entregarle la justicia toda al Director Administrativo de la Rama Judicial que acaba de ser separado de su cargo por acusaciones de “incremento inusitado de gasto bastante desproporcionado”. Ninguno de ellos vio nada. Y tampoco renuncia. En el Gobierno, la ceguera fue casi total. Nadie intuyó que al retirar asuntos como la solución al choque permanente entre las Cortes por la tutela, o al correr el período de sus Magistrados hasta los 12 años y los 70 de edad, se estaba fraguando algo muy extraño. Nadie, ni Vargas Lleras que ahora construye casas para regalar y antes negoció con el Congreso su propuesta de reforma. Nadie sabía nada ni se preocupaba por escuchar la creciente protesta de la opinión pública que con razonadas explicaciones demostraba la inconveniencia de lo que se estaba proponiendo.Y qué decir de los partidos. El liberalismo perdió sus ojos y su dignidad, al conservatismo sólo le queda el olfato clientelista y el senador Enríquez que ve lo que le conviene. Como nada ve ni sabe el Partido de la U, engolosinado en el reparto del poder y en manos de personajes como Roy Barreras.Nadie vio ni supo nada pero todos participaron en el festín. Nadie tuvo ojos para ver el orangután que destruía la credibilidad en el Estado. Y nadie supo nada, hasta que la reacción indignada de los colombianos les hizo reconocer a los participantes la gravedad de los hechos consumados durante un año en la reforma a la Justicia. Entonces apareció la magia y surgió la fórmula para anular lo que se negoció durante un año. Fórmula que no está en la Constitución. Pero, otra vez, nadie sabe nada, mientras el Gobierno pretende presentarse como salvador y el Congreso se prepara a pasarle la cuenta de cobro por echarle el agua sucia.Quizás los participantes en el festín de la reforma a la Justicia piensen que no ha pasado nada, que bastará pedir perdón con una sonrisa y que pronto el escándalo será superado por el olvido, mientras preparan nuevas elecciones y, porqué no, hasta una reelección.¿Será cierto?

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