Volver a creer

Volver a creer

Mayo 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Samuel Vanegas llegó al round point de la Carrera 28d con Calle 121. Allí fue advertido por la Policía sobre los riesgos que implicaba para él la entrada a Potrerogrande, donde sería nombrado como rector del colegio de Comfandi. Era algo distinto a lo que había sido su vida como educador en el Colegio Sagrado Corazón, en el Valle del Lily. Ahora se enfrentaba con una comunidad desconocida. Después de recorrer algunas calles de Potrerogrande decidió seguir adelante con su intención de dirigir el centro educativo. Cuando inició el colegio, eran los momentos más duros de la violencia que se había metido en la comunidad. Una comunidad constituida a la brava por grupos desalojados del jarillón del Cauca, de la Colonia Nariñense o de El Pondaje. Gente que las autoridades municipales convencieron de desocupar esas zonas ofreciéndoles las casas de la urbanización que miden 28 metros cuadrados y a veces alojan hasta 15 personas. Gente como Dalmiro Moreno, que vino de la invasión Nuevo Amanecer en el jarillón. O como Norman Landázuri de El Pondaje. Gente que necesitaba donde vivir y levantar a su familia. Gente como ellos, o mejor, guiados por ellos, levantaron La Carpa de La Paz en el corazón de una urbanización creada por el Estado a golpes de necesidad. Después llegó el colegio, luego el Centro de Salud, y hoy el centro cultural Somos Pacífico.Ellos han construido un barrio que antes era de extraños. Eran diez “sectores”, compuestos por comunidades reubicadas a la brava. En sus inicios, el barrio vivió el auge. Después llegaron la violencia y los atracos y las peleas entre pandillas. Balaceras en cualquier esquina, pasar la calle podía costar la vida. Y llegó la estigmatización que le impide a sus moradores conseguir empleo por ser de Potrero Grandre. Y mientras “la Policía no se deja querer” por el barrio, da frutos el esfuerzo de quienes supieron superar las diferencias para poder vivir con dignidad. “Aquí ya no hay sectores, ésto es territorio de paz”, dicen Dalmiro y Norman, mientras cuentan que a la colonia nariñense, la última comunidad en llegar, la recibieron con papayera. Es “El Consorcio”, ejemplo de lo que han logrado en materia de convivencia.Sólo el 20% de los habitantes de Potrero Grande tiene empleo formal. El 40% vive del rebusque y el otro 40% no tiene qué hacer. Semejante estadística es una bomba de tiempo. Pero allí han logrado superar las diferencias, las balaceras se han acabado y la Carpa de la Paz que simboliza la convivencia, aguarda la mano que ayude a mejorarla. Y la cultura empieza a mostrar futuro. Cuando el colegio de Comfandi inició labores, sólo se inscribieron 700 alumnos. Ahora son 1500 que conforman grupos de danza y de música. Y se espera que el centro cultural Somos Pacífico, que hoy pone su primera piedra en Potrero Grande, se convierta en razón de identidad y en motor de progreso. Ahora, Samuel Vanegas se ve satisfecho porque en Potrero Grande hay esperanza. Y tanto Norman Landázuri como Dalmiro Moreno son optimistas a pesar de los problemas de su barrio y el marginamiento que padece. Para ellos es posible volver a creer. ***PD. Nunca olvidaremos a Álvaro Burgos, el vate centenarista que vivirá en nuestros corazones. Según María C, “imprímote ósculo desde la distancia” nos dijo al partir.

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