Víctimas del olvido

Noviembre 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Se vino el invierno de nuevo y al parecer, como dicen los campesinos, nos volvió a coger con los calzones abajo. Sólo que esta vez ya no impresiona el conmovedor cuadro de los damnificados pidiendo ayuda mientras pomposos funcionarios enfundados en coloridos uniformes sueltan una retahíla de anuncios que ya nadie cree.Es que, por ejemplo, hace un año se le echó la culpa a las Corporaciones Regionales que como la CVC están ahogadas por el clientelismo y de espalda a la amenaza que azota a los colombianos. Se dijo entonces que las iban a reformar, presentaron un esquema por demás torpe que incrementaba el centralismo y expidieron unos decretos que se cayeron al menor soplo por su evidente inconstitucionalidad.Y cuando llegó el verano, el asunto pasó a ser historia. Nadie volvió a hablar de la reforma porque se inventaron una corporación, Colombia Humanitaria, a la cual le endilgaron la responsabilidad de atender el desastre. Para el efecto lograron que Jorge Londoño, el exitoso ex presidente de Bancolombia, asumiera la enorme tarea. La corporación ha cumplido con decoro su misión, aunque no con la velocidad que muchos damnificados esperan o con la ligereza que reclaman los voraces clientelistas para echarle mano a las ayudas en los departamentos y municipios.Pasado el fragor de la emergencia anterior, las cosas volvieron a su cauce. Es decir, el Ideam se quedó íngrimo anunciando una nueva arremetida del invierno. A nadie se le ocurrió que eso del cambio climático era en serio y que se debía preparar al país para afrontarlo y evitar las desgracias. Por eso, cuando hace un mes volvieron las lluvias se hizo patente la improvisación que ya no pueden achacarle a Colombia Humanitaria.Y se vino el mundo encima del sistema vial, hoy casi colapsado en puntos tan neurálgicos como el paso de La Línea o la comunicación de Antioquia y Bogotá con la costa Atlántica. Ni que decir de la carretera a Buenaventura, monumento al fracaso del centralismo. Pero también se lleva a la Sabana de Bogotá, convertida en una gigantesca batea llena de agua a causa del invierno y de la destrucción de sus humedales.Es triste ver al ministro de Transporte tratando de resolver en un día los problemas que dejan 80 años de improvisación al mantener la carretera Ibagué Armenia como el único nexo entre el centro y el occidente, desviando el tráfico hacia la vetusta y peligrosa vía que pasa por el páramo de Letras. O que aún no se tengan alternativas de transporte distinto al automotor, reconociendo la amenaza que para la seguridad económica y personal representa el complejo sistema montañoso de nuestro país.Como es patético que nadie atine a mostrar una idea sobre la reforma al sistema para atender el medio ambiente en Colombia, empezando por las Corporaciones Autónomas que como la CVC están de espaldas a la gente y dedicadas a alimentar la sanguijuela del clientelismo, devoradora de los recursos que se deberían usar en anticipar los desastres de un medio ambiente devastado por el hombre.Cuando termine esta emergencia, las víctimas serán de nuevo olvidadas porque ya no estarán en la primera plana de los medios de comunicación. Pero la gran olvidada será de nuevo la obligación de atender las alertas sobre el cambio climático y de crear un sistema de prevención y atención de desastres acorde a las nuevas realidades.

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