¡Vergüenza!

¡Vergüenza!

Enero 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Diez años completa ya la Fiscalía General de la Nación sin resolver el proceso contra Francisco Santos como presunto colaborador con las Autodefensas Unidas de Colombia, el grupo paramilitar de Mancuso, Carlos Castaño y cientos de joyas. A pesar de no tener pruebas, Santos, exvicepresidente, figura política, periodista y líder contra el secuestro, permanece como sospechoso de delitos que ya debieron ser aclarados. Así actúa la Fiscalía, a pesar del daño que le causa a un ciudadano y a la sociedad. Por acción, porque se niega a aplicar el principio de presunción de inocencia. Y por omisión, porque no ha definido si lo acusa o cierra la investigación. Francisco ha dado muestras de su valor como periodista, como líder contra el secuestro, como vicepresidente y como político que enfrenta la polémica pública sin dobleces. Esto parece un panegírico a favor del acusado, o una campaña política por sus ideas. Pero no lo es. Si se cita su trayectoria es porque allí nace el interés por mantener vivo un proceso que no tiene pruebas en su contra. Es que entre todas las peleas que ha casado y las polémicas que ha ocasionado, él ha sido contradictor del gobierno de su primo Juan Manuel, es cercano al expresidente Álvaro Uribe Vélez y tiene una posición crítica sobre las negociaciones con las Farc.Pero también se olvida que su columna fue una tribuna que combatió la corrupción, el narcotráfico, los paras y todo lo que el encontró nocivo para la sociedad. Que fue secuestrado por eso y cuando fue liberado, con la fundación PaísLibre encabezó el movimiento más grande contra el secuestro que se recuerde en Colombia. Que cuando fue vicepresidente, en el 2007, denunció los vínculos de más de 30 congresistas de entonces con el paramilitarismo. Y que fue uno de los grandes acusadores contra las Farc, en las épocas en las cuales Colombia era un Estado Fallido.Y que él mismo pidió que lo investigaran cuando una declaración de Salvatore Mancuso insinuó que Francisco Santos fue el gestor de un bloque de las Autodefensas en el centro del país. Claro, Mancuso estaba a punto de ser extraditado, Santos era el vicepresidente y era la oportunidad para pasarle la cuenta de cobro al gobierno de Uribe por su extradición. Desde entonces, la investigación ha sido cerrada, reabierta, declarada inconducente por una fiscal y revivida por sus jefes, a pesar de no existir una prueba adicional e incontrovertible. Ahora, el Vicefiscal de turno lo vincula con los delitos atroces que cometieron los paras, por haberse reunido con ellos en 1996 en Valledupar para pedirles que suspendieran el secuestro de campesinos, y por entrevistarlos en El Tiempo al año siguiente, cuando era su jefe de redacción, en compañía de otros periodistas. No hay más pruebas de otras reuniones. Y citando tratadistas alemanes (un Kai Ambos y otro Christoph Grammer) que no vienen al caso, niega la prescripción de un proceso que llena de vergüenza a la Fiscalía y a la Justicia colombiana. Si, de vergüenza, porque como le ha ocurrido miles de veces al Fiscal de ahora, en este caso lleva todo su período sin producir una prueba a favor o en contra. Y sólo el carácter de figura de la oposición al régimen, y de exvicepresidente que puede ser llevado ante el tribunal que se está creando en la negociación con las Farc, hace que se mantega con vida un expendiente infame contra Francisco Santos. ¡Válgame Dios!

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