Verdades y mentiras

Verdades y mentiras

Agosto 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

En la crisis de los extranjeros ilegales se han dicho muchas verdades y muchas mentiras. Y se han desnudado realidades que el centralismo trata de tapar para no asumir sus responsabilidades. Es verdad que los cubanos no vinieron a buscar la libertad y las oportunidades que les niega la dictadura castrista. Ellos llegaron aquí para buscar la forma de llegar a los Estados Unidos, su obsesión por acceder a los beneficios de la Ley de ‘pies húmedos pies secos’ con la cual pretendieron hacer campaña contra los Castro, fracasando durante sesenta años. Los haitianos, chinos, africanos y cubanos no quieren el asilo en Colombia. Ellos usan nuestro territorio como corredor para llegar al país del norte. Con lo que no contaban era con la posición de Panamá y el resto de Centroamérica de impedir su tránsito, lo que los detuvo en el Urabá y los tiene padeciendo la incertidumbre.Por eso hay que decir basta. Claro que el Gobierno debe actuar con cuidado frente a Cuba, facilitador de los diálogos con las Farc. Pero no hay que caer en la trampa de decir que es falta de humanidad. El problema empieza en quienes creyeron que podían hacer lo que quisieran en Colombia y termina en las leyes que Estados Unidos creó para hacer propaganda con los cubanos que reciben beneficios automáticos si llegan a su territorio. Es cierto que el Gobierno no tiene la obligación de proporcionarles aviones para que los lleven a México, el único “acto humanitario” que ellos esperan, y sí es su deber hacer respetar las leyes colombianas contra quienes burlan nuestra soberanía. Tampoco tiene porqué convertirse en su vocero frente a los Estados Unidos, ni puede negarse a realizar lo necesario para terminar un drama, sin duda terrible, que está haciendo daño en primer lugar a los colombianos.Pero es mentira que nuestro Estado no tenga responsabilidad en ese drama. Es la corrupción rampante en muchos organismos la que aporta permisos y complicidades al miserable negocio de la trata de personas, permitiendo que atraviesen las fronteras, transiten medio país, algunos tengan protección legal y otros, simplemente, los recojan en Ecuador y lleguen al Urabá. Esa verdad no la desvirtúa el que de vez en cuando capturen uno que otro bus con inmigrantes ilegales, tratando de demostrar que se está combatiendo la red de corrupción que nos convirtió en los malos del paseo. Y es la prueba de que el grave problema que están viviendo los ilegales en Turbo no es igual al de los refugiados en Europa. Y otra realidad innegable: lo que está ocurriendo es consecuencia de manejar el país desde 2600 metros más cerca de las estrellas y a miles de kilómetros de distancia de las fronteras. Por eso, hemos perdido territorio nacional, en las zonas limítrofes prevalece la ilegalidad, son epicentros del crimen y sedes de las Farc y el ELN. Y por eso nos olvidamos de la crisis humanitaria que viven miles de colombianos echados como perros de Venezuela. Ahora se han inventado una cédula especial para los habitantes de esa zona, en vez de solucionar el problema que nace del abuso del régimen de Nicolás Maduro.Para nuestro infortunio, los territorios fronterizos son un problema para Bogotá. Pregúntele a lo santandereanos, a los chocoanos, a los nariñenses, a los de San Andrés, a los del Putumayo, a los de Buenaventura, a los del Arauca, y se dará cuenta del drama que viven millones de colombianos. Es el drama del abandono secular de las fronteras nacionales.

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