¡Tenemos Coccam!

Enero 29, 2017 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¿Sabe usted qué es la Coccam? Pues si no lo sabe, prepárese, porque allí está una de las claves de la nueva “función social” de las Farc. El asunto está en el numeral 4 del acuerdo con las Farc sobre erradicación de cultivos ilícitos. Pues bien, y qué coincidencia, un grupo de ‘campesinos’ organizados por quién sabe quién crearon la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Marihuana y Amapola, Coccam. Esa Coordinadora, espontánea según sus organizadores, nació el pasado viernes en Popayán. Pero, como lo describe un señor Felipe Tascón en el portal www. Rebelión.org, empezó desde 2013. Según Tascón, la idea es cambiar el concepto de cultivos ilícitos por el de “cultivos de uso ilícito”. Resultado, quienes siembran coca, marihuana o amapola, no son delincuentes. Y para erradicar sus cultivos ya lícitos hay que pedirles permiso. Así emergió una nueva clase de líderes sociales, respaldada por ‘inocentes’ movimientos como Marcha Patriótica. Son esos desinteresados campesinos inocentes que no tienen relación alguna con el narcotráfico y que solo se dedican a explotar cultivos ancestrales que según ellos se hunden en lo más profundo de la cultura nacional. Campesinos que según sus líderes son estigmatizados, pero con quienes debe negociarse la sustitución de esos cultivos y ofrecerles alternativas que superen los ingresos que les produce la siembra de coca. Es decir, las cerca de 200.000 hectáreas que inundan varias regiones de Colombia y donde se está desarrollando la nueva batalla por su control, donde la mafia ofrece bala o un millón ochocientos mil pesos mensuales a cada desmovilizado.Así es el compromiso de las Farc de colaborar en la erradicación de los cultivos ilícitos y del narcotráfico, la verdadera razón de la violencia en Colombia en los últimos treinta años. Su vasta experiencia en el manejo de las ONG les indica que por ahí es el camino para entrar en la política, para darles el fuero de líderes sociales a sus integrantes y para aprovechar la ausencia de la política tradicional dedicada al clientelismo, la mermelada y la corrupción. La otra parte es que el Gobierno ni nadie sabe quiénes son los miembros de las Farc. O mejor, quiénes no son de las Farc. Así, cualquiera de quienes utilizaron para ampliar las siembras de coca, marihuana y amapola en los últimos seis años es hoy un dirigente social al cual debe otorgársele protección y amparo, empezando por ofrecerle subsidios a borbotones. Y listo. Lo que sigue es esperar paros y movilizaciones encabezadas por la Coccam, como lo hacía Evo en Bolivia y amenazan en Popayán. Es la manera de aprovechar el vacío que deja un Estado concentrado en Bogotá, dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas y a miles de kilómetros de los colombianos de Tumaco, el Putumayo, el Chocó, el Catatumbo, el Guaviare o Córdoba. Es la flecha para aprovechar lo que ese Estado firma y entrega con tal de mantener su aparente control del territorio nacional, como lo hizo el numeral cuatro del acuerdo de La Habana, de Cartagena, del teatro Colón o como se llame. Por ahí aparece la nueva organización de las Farc, legalizada mediante grupos de presión para aprovechar la confusión de un establecimiento dedicado a la arcaica polémica de las corridas de toros para tratar de cubrir el desastre que está gestando la ausencia de decisión en el combate a la cadena del narcotráfico.¿Entendió qué es y para qué sirve la Coccam?

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