Televisión y poder

Televisión y poder

Junio 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Quien conozca algo de televisión sabe que la Tv. abierta es un dinosaurio que pierde audiencia. Por eso llama la atención el espectáculo de intrigas, forcejeos e intereses que se vive en la adjudicación de un tercer canal privado.El 80% de los hogares en las ciudades colombianas tienen un sistema de cable o satelital con cientos de opciones. Es decir, la gente ya conoce el valor de la televisión y está dispuesta a pagarlo. A tal punto ha llegado el cambio que el 75% de los hogares de Aguablanca tiene alguno de esos sistemas. Y allí, el canal más visto es Discovery.Y los anunciantes ya saben que por ahí pueden llegar a audiencias más segmentadas y con menores costos. Por eso, las empresas multinacionales y muchas colombianas abandonan los canales nacionales para concentrarse en los sistemas multicanal, sin importar su origen. Buscan efectividad y allí la consiguen. Así, audiencia y anunciantes se van a los sistemas donde la gente ve lo que quiere y las empresas anuncian como quieren, lejos de la televisión nacional llena de mafiosos y sicarios. Mientras la televisión gratis pierde audiencia, la Internet permite acceder a cualquier canal del mundo en un computador, sin pedirle permiso a nadie De otra parte, se perfecciona la televisión en alta definición, que capturó en Directv una audiencia importante del Mundial de Fútbol. Es otro mundo, al parecer ignorado en el forcejeo que culminará entregándole el tercer canal a El Tiempo y Planeta.En Colombia, la televisión sigue sujeta a un estanco como en el Siglo XIX. Por absurdo que parezca, el argumento para mantener el oligopolio es que el Estado debe protegerlo de la competencia. En tanto, la Comisión Nacional de Televisión cobra cifras astronómicas por una licencia que, como ocurrió con RCN y Caracol, pronto deberá rebajar ante la presión del que la adquiera. Y permite que esos canales controlen las empresas que miden la audiencia, con lo cual manejan el mercado de la publicidad. La razón para el empeño en sacar la licitación del tercer canal no es la defensa del televidente ni de la cultura nacional: es la aplicación del concepto clientelista del Estado, donde unos funcionarios usan su potestad de otorgar prebendas en tanto rebajan con descaro las tarifas a los operadores de cable. También pesa el afán por manipular la televisión con intenciones políticas, ignorando que la audiencia está cada vez más dispersa y menos comprometida con la televisión nacional. Al parecer, los comisionados no están empeñados en defender el interés general, sino en mantener su control del espectro electromagnético para repartir prebendas y garantizar negocios para unos pocos, en vez de abrirlo a todas las ofertas para que el televidente escoja. Eso explica la barahunda por el tercer canal. Y explica la lucha de RCN y Caracol, cada uno de los cuales posee otro canal por el cual no tuvieron que licitar. Tal vez piensan que al juntarse Planeta y El Tiempo con Sarmiento Angulo, su poder se diluye y el oligopolio es amenazado. Por eso usan toda su influencia y una nube de abogados amenazantes. Defender el poder es la consigna así ignoren la realidad cambiante de las comunicaciones y desconozcan que la libertad de expresión implica poder montar el canal que sea, siempre que el Estado actúe como guardián de las libertades y no como defensor del negocio de unos pocos.

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