Sin contemplaciones

Sin contemplaciones

Abril 16, 2017 - 01:50 p.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Las dos Colombias que algunos no quieren ver porque no conviene, siguen enfrentándose con furia creciente en Tumaco. Y mientras tanto se insiste en que estamos en el posconflicto que se compra con subsidios, lo cual hace que la violencia organizada reciba cada vez más recursos.

Durante toda esta semana, el Director de la Policía Antinarcóticos debió trasladarse a la segunda ciudad del Pacífico a enfrentar la rebelión de los sembradores de coca, los que la procesan y lo vuelven cocaína, los que la venden, los que la administran, los que hacen política con ella. En fin, el nuevo mundo heredero del antiguo, más sofisticado, más legalizado, con un Estado más impotente, más incapaz, y un gobierno más decidido a entregar lo que sea para demostrar que tenía razón.

Por eso, el general José Antonio Mendoza está estacionado en Tumaco, tratando de explicar que lo que ocurre es producto de los “sembradores industriales” de coca. ¿Quiénes son? El General hace esfuerzo por no decir que son los de las Farc, ahora disfrazados de ELN o de Bacrim, o de lo que sea. Y disculpa a los supuestos microempresarios dirigidos por las Farc bajo el nombre de las Coccam, pagados y organizados. Son quienes dicen que lo ilícito no son sus cultivos y los delincuentes son los que los transforman en cocaína, no ellos.

Esa amenaza ya le disparó a un helicóptero, rodeó a 700 policías, quemó ocho carros privados, cinco de servicio público, tres retroexcavadoras de contratistas que construyen una vía hacia Ecuador; hace escasear la gasolina, y exige que le dejen hacer lo que le dé la gana. Ellos solos siembran 28.000 hectáreas de coca, aunque el Gobierno y el angustiado General traten de dividirlos en clases y tamaños y el nuevo Vicepresidente vaya allá para tratar de tranquilizar las aguas.

Un mes antes había pasado por allí el Ministro del Posconflicto, asegurando auxilios y ventajas para 1100 familias que se comprometieron a erradicar 800 hectáreas. Adivine, apreciado lector, a dónde van a parar esos recursos. Y si contestó a las Coccam, está en lo correcto.

En términos prácticos, lo que hay es una rebelión promovida y manejada por organizaciones criminales de todas las denominaciones que aprovechan la increíble debilidad del Estado y el desmadre de un Gobierno que carece de una política clara contra el narcotráfico. Eso es Tumaco hoy y desde hace varios años.

Entre tanto, desde Bogotá se empecinan en decirnos que no es así, que allá no pasa nada, y que todo está bajo control. Que se arregla con la ya temblorosa Justicia Especial para la Paz y con los abogados de las Farc convenciendo a los presos del Centro Democrático para que pidan clemencia.

Y en Cali no se quiere hablar del asunto. O mejor, lo niegan los economistas que no se atreven a medir cuánto vale la economía subterránea que mueven las Farc en la región o el costo que para el Valle tiene la tragedia producida por el narcotráfico. Ni se interesan en que se conozca la miseria que a la ciudad le ha traído la guerra que se está produciendo en Nariño, en el Cauca, en el Putumayo y en todo el Pacífico colombiano, ahora denominada ‘posconflicto’.

No. Nosotros nos empeñamos en mostrarnos como la región más rica, más desarrollada, con mayor capacidad de progreso. Pero, y así le disguste a los economistas, apenas somos la capital de ese otro país que está siendo tomado por el narcotráfico desde Tumaco y sin contemplaciones.

Sigue en Twitter @LuguireG

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