Sigamos negociando

Junio 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Podría decirse que el mejor resultado, o tal vez el único, del diálogo de La Habana está en las montañas de Colombia y no en Cuba. Es la otra cara de la moneda.Llevamos ocho meses de discursos, donde los delegados de las Farc no desaprovechan un micrófono para dar a entender que han logrado grandes éxitos en la negociación. Meses de silencio en la delegación oficial que se rompe cuando su jefe hace una declaración que desautoriza a sus interlocutores pero no alcanza a despejar la inquietud que causan.Hasta que promulgaron el primer acuerdo la semana pasada. Acuerdo apresurado, presionado por la impaciencia del Gobierno ante la maniobra evidente de las Farc de prolongar ad infinitum el proceso para aprovechar el espacio y echar su perorata, reclamando una vocería que no existe porque son el grupo más rechazado por los colombianos en toda su historia. Algo va del Caguán a hoy: antes, en el Caguán, las Farc amenazaban con sus armas, sabedores de su capacidad de intimidación. Ahora, en Cuba, buscan a como dé lugar la posibilidad de ser reconocidos como factor político ante la derrota que crece gracias a la acción de las Fuerzas Militares y de la Policía. Y el Gobierno le da el aire que necesitan, al declarar que con el acuerdo empieza la redención del campo y al campesino en Colombia, maltratados por el abandono secular y la violencia de grupos como las Farc. Así, la política agraria que debería ser presentada ante todos los colombianos y en el Congreso de la República, se conoció una vez firmado el acuerdo que nadie ha visto sobre el primer punto de la agenda. Lo que da una idea de en qué nos estamos metiendo por la obsesión de mostrar resultados en los diálogos. Es la paz bogotana de que habla el Ministro del Interior.Menos mal, la acción de la Fuerza Pública está mostrando otra cosa: entre el 2002 y el 2013 se han desmovilizado 13.000 miembros de las Farc, 1.263 de los cuales lo hicieron en el 2012, cuando se iniciaron las negociaciones. En los últimos cinco meses, van 542 en todo el territorio nacional. En lo que respecta al suroccidente, las entregas y bajas ascienden a 61 guerrilleros pertenecientes a la tenebrosa columna ‘Jacobo Arenas’, a la cual le quedan sólo 72 de los 133 integrantes, mientras varios de sus cabecillas como ‘Caliche’ han muerto o han sido detenidos. Hay pues un desmantelamiento progresivo. Y se nota la desmoralización de los guerrilleros que ven como ‘Pablo Catatumbo’ o ‘Iván Márquez’ se van para la Habana, dejando a sus compañeros en el peor momento. Son esos guerrilleros que no saben de las negociaciones y ahora se preguntan para qué tienen un fusil. Personajes de 10 y más años en las Farc que ven lo inútil de su guerra y por eso se desmovilizan. Así, el mejor resultado está en Colombia y no en La Habana. Es aquí donde la labor de los soldados y policías está dando sus frutos. Y donde entidades como la Consejería para la reintegración cumplen la labor más importante: la de devolver a la sociedad, en silencio y sin politiquería, a quienes abandonan las Farc. Por eso, y aunque suene contradictorio, es mejor que se prolonguen las negociaciones. Que don ‘Márquez’, don ‘Catatumbo’ y todos los que gozan del delicioso ron cubano, se queden en La Habana. Ah, y que al Gobierno no se le olvide que las transformaciones y reformas se deben hacer aquí, frente a la Nación y no en una mesa oscura en la que nadie sabe qué se negocia.

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