Sicarios y paz

Sicarios y paz

Septiembre 10, 2017 - 07:15 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Sé que estamos en modo Papa y uno no debe aguar la fiesta. Pero hay cosas que vienen de muy atrás y nos van a quedar para siempre, causando más violencia si no les ponemos el cuidado que merecen.

Por ejemplo, está la facultad de las Farc para excarcelar criminales comunes, y la asombrosa facilidad e irresponsabilidad con que actúan las comisiones creadas por el acuerdo definitivo. Mediante ese recurso expedito para evadir condenas, la ley vuelve a ser un rey de burlas.

Mucho antes de que entrara en vigencia el acuerdo para liberar a los guerrilleros presos, la Fiscalía había advertido sobre la posibilidad de que diez peligrosos personajes acusados de cometer delitos comunes como sicariato y narcotráfico, fueran liberados por un pomposo Comité Técnico Institucional, compuesto por el Ministerio de Defensa y sus dependencias militares y de policía, por el sólo hecho de que las Farc los incluyeran en sus listas.

Se dirá que ese es uno de los sapos que había que tragarse para alcanzar el valor supremo de la paz. Pero, ¿qué paz puede alcanzarse cuando se regresa a la calle a un condenado como jefe de una banda de sicarios a quien las Farc incluyó en sus listas de la impunidad por haber participado en el atentado terrorista contra Fernando Londoño Hoyos y en el cual fue asesinado su conductor?

Pues la Fiscalía no pudo evitarlo, y semejantes amenazas están hoy en la calle. Ahora ya no son sicarios condenados: son “gestores de paz”, mientras aguardan que la Justicia Especial de Paz los exonere para siempre de sus condenas. Una Justicia Especial que debió ser la primera iniciativa aprobada por el Congreso mediante el fast track, pero aún no existe.

Y todavía está guardada en el escritorio de algún ministro, haciendo cola detrás de una reforma política ilegal y rechazada por todo el mundo, a la cual le han sumado un Tribunal de Aforados dizque para combatir la corrupción que carcome la Corte Suprema, la Corte Constitucional y todo el entramado de jueces a los que se les otorga fuero especial para evitar la persecución política y algunos usan para enriquecerse sin vergüenza y traficar con influencias.

Este episodio demuestra la ligereza con la cual se está manejando algo tan importante como es la posibilidad de evadir el castigo al crimen, algo parecido a lo que ocurrió en la desmovilización de los paramilitares con la Ley de Justicia y Paz. Por ello, y como si no fuera poco el que responsables de crímenes atroces, de terrorismo y crímenes contra la humanidad como ‘el Paisa’, ‘Romaña’ y tantos otros, no paguen por sus fechorías, hay que aceptar que las Farc defienda a delincuentes comunes y les otorgue la libertad por encima de los dictados de la justicia ordinaria que los condenó con pruebas.

¿Acaso no existía la posibilidad de vetar las listas de supuestos integrantes que entregaba las Farc? Por renunciar a esa facultad, que es ante todo una obligación de las autoridades, ahora debemos esperar a que cometan nuevos crímenes. Con lo cual le están haciendo un daño enorme a la cada vez más débil credibilidad de unos acuerdos que no consultan la opinión de la inmensa mayoría de los cuarenta y siete millones de colombianos.

Por supuesto, las denuncias del Fiscal General y de quienes han destapado el asunto les significará el que sean calificados como enemigos de la paz. Pero debe quedar claro que los causantes del fracaso serán la impunidad y la renuncia a ejercer la autoridad.

Son razones poderosas para seguir rezando cuando se vaya el Papa.

Sigue en Twitter @LuguireG

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