Se perdieron los papeles

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A riesgo de que también me digan guerrerista mientras los uribistas me...

Se perdieron los papeles

Marzo 31, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

A riesgo de que también me digan guerrerista mientras los uribistas me acusan de entregado al gobierno, juro que sigo sin entender lo que está pasando. Por ejemplo, ya ni sé si aquí estamos empeñados en encontrar una paz buena para todos o si es apenas un enunciado que se usa para conseguir la reelección. Porque esto es lo que está dando a entender el Presidente cuando dice que vale la pena quedarse en el poder hasta ver la paz en ColombiaAsí, lo que debería ser un propósito nacional vuelve a convertirse en herramienta electoral, como cuando Andrés Pastrana ganó por el voto finish que le dio su foto con ‘Tirofijo'. Es que si entendiera la paz como bien supremo, Santos debería haberle puesto cuidado al único consejo bueno que ha dado Pastrana en los últimos lustros: que renuncie a la reelección para que las Farc no lo siga utilizando.Eso es lo que está ocurriendo ahora: en el afán por sentarlos a la mesa y empezar el show, el Gobierno dispuso unas reglas en las cuales incluyó la confidencialidad. Pero resulta que mientras Humberto De la Calle la aplica con exceso, los de las Farc no pierden tiempo en decir lo que a bien tengan. Con lo cual usan el diálogo para recuperar el espacio político que les arrebataron sus abusos en el Caguán y la seguridad democrática, dirigida como ministro por el hoy Presidente.Lo que se está viendo es el esfuerzo de las Farc por mostrarse como líderes políticos de los campesinos sin tierra de quienes siempre han abusado. Y por convencer al mundo de su disposición a desmovilizarse, así sea una mentira que se les nota. Ellas no está interesadas en la paz, pero reclaman lo que parece un ejercicio democrático: cese el fuego bilateral, asamblea constituyente y 98 Zonas de Reserva Campesinas que abarcan 10 millones de hectáreas con autonomía total. Y las respuestas de los ministros de Agricultura y Defensa terminan convirtiéndolos en los peores guerreristas. Es decir, la estrategia de la zanahoria y el garrote del presidente Santos empieza a devolverse. Mientras los delegados de las Farc usan los micrófonos a diario para sugerir que ya hay acuerdos sobre lo que ellos proponen, los del gobierno guardan silencio y de vez en cuando emiten tímidas y complejas rectificaciones. El resultado es que los colombianos están asustados porque temen lo que el gobierno ceda en ese juego extraño en el cual se sumerge. Por eso, los éxitos en su gestión, que los hay, no cuentan mucho. Es que a Santos se le ‘olvidó’ construir un consenso nacional sobre los diálogos y ese olvido le pasa ya la factura.Y entonces aparece un desubicado y patético ministro del Interior a señalar a quienes opinan distinto y se agarra de las mechas con Pastrana. O funcionarios que califican de uribistas las preguntas de los periodistas que no concuerden con los dictados de la nomenklatura, como si con ello estuvieran haciendo patria. Al parecer, al gobierno se le perdieron los papeles que le escriben sus asesores de imagen y comunicaciones. Por lo cual, a Santos solo le están quedando aliados interesados en beneficios clientelistas y su escudero es Ernesto Samper, el expresidente elegido con dineros del narcotráfico y en trance de reciclaje. Los demás, los que no están de acuerdo con que la paz sea bandera partidista y no le creen a las Farc, son calificados de guerreristas y ultraderechistas. ¡Vaya, vaya!

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