Se buscan mártires

Abril 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Cuatro funcionarios del Ministerio de Agricultura fueron detenidos, acusados de los peores crímenes en la historia reciente de Colombia. Y su causa pretenden convertirla en bandera política que sirva para encubrir los errores y las cosas mal hechas con el programa Agro Ingreso Seguro en el pasado gobierno. Nadie, ni siquiera el ex presidente Álvaro Uribe, duda de que en AIS se produjeron hechos punibles por quienes hicieron toda clase de simulaciones para apropiarse de recursos públicos. De hecho, algunos de los defraudadores han devuelto esos dineros, tratando de reducir sus penas. También es cierto que el Iica, entidad de la OEA, cometió ligerezas que causaron graves problemas. Pero a ello debe agregarse la soberbia infinita de los ministros de agricultura Andrés Felipe Arias y Andrés Fernández que se burlaron de las acusaciones y las denuncias de la revista Cambio sobre lo que ocurría con AIS, con lo cual acabaron con la credibilidad de una buena iniciativa. Esas circunstancias llevaron la discusión a otro plano, gracias también a las burradas que dice José Obdulio Gaviria tratando de encontrar en el martirologio la ideología que no tiene el uribismo.Y falta el más peligroso de los ingredientes que llevaron al viceministro de Agricultura y otros tres funcionarios ante el paredón de un fiscal con ansias de protagonismo y de un juez furioso: es la pelea que el presidente Uribe casó con la Justicia colombiana; es el ingrediente de las chuzadas, son las acusaciones contra magistrados, son las denuncias contra jueces, que ocasionaron el peor de los enfrentamientos en una democracia.Acusar a esas personas como los peores maleantes, es otro cuento. Está claro que su actuación no puede calificarse como criminal. Y lo que debería ocurrir es esperar las apelaciones y aspirar que los superiores del juez soberbio que los tiró a la cárcel con los peores epítetos, se caigan por sus errores. Así no nos guste la demora, ese es el camino. Concuerdo en todo con la columna ‘¿Justicia o vergüenza?’, que Rafael Nieto escribió hace una semana. Con argumentos de fondo, él fue el primero en demostrar lo absurdo del proceder contra esos funcionarios, y en reclamar que le devuelvan la majestad a la Justicia en Colombia, alejándola de una pelea tan absurda como dañina.Pero para el uribismo interesado de José Obdulio y para el propio ex presidente Uribe, eso no es suficiente. Ahora se necesitan mártires. Entonces, la defensa ya no es jurídica sino política: ¡Alerta! ¡Nos persiguen! ¡Hay que cerrar filas! ¡La Justicia no existe!, dicen, poco más o menos, en sus trinos. Es decir, no se trata de aclarar la situación de los funcionarios inocentes, si no de conseguir mártires que aglutinen la causa.Por algo, los organizadores de una marcha para pedir la libertad de esos funcionarios la suspendieron cuando se dieron cuenta que Uribe y José Obdulio se montaban en la protesta y la transformaban en causa política. En su causa, la de acabar de deslegitimar una justicia de por sí maltrecha por los errores y procederes de algunos magistrados. Una cosa es que los ciudadanos se manifiesten contra las actuaciones de los poderes públicos. Otra, muy distinta y muy peligrosa, es que un ex presidente de la República se sume a ellas para defender su gobierno.

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