Se acabó la política

Noviembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¿Qué pensar de lo ocurrido en la asamblea del Partido de la U, cuando sólo hubo sablazos y nada de sustancia? ¿Y qué de la actitud entreguista de los partidos que conforman la Unidad Nacional, y del Polo Democrático Alternativo o del Partido Verde que se diluyen mientras la aplanadora de la unanimidad hace de las suyas?Nada que lleve a los ciudadanos del común a interesarse por la política. Claro que el discurso del expresidente Álvaro Uribe debe causar el natural revuelo de una diatriba contra del presidente Juan Manuel Santos, su gobierno y los intentos por encontrar un acuerdo con las Farc, mientras éstas matan a mansalva a los policías en Padilla o se alían hasta con el diablo para comerciar la cocaína y mantener su poder sobre miles de hectáreas de coca y de laboratorios para procesarla.El debate se sobre la reforma tributaria, sobre el crecimiento de la economía y sobre las decisiones para asegurar la continuidad de las empresas y la inversión extranjera, o la ya inexorable llegada de la enfermedad holandesa y su efecto en la industria colombiana, debieron generar una posición de los partidos. Pero nada de eso llama su atención. Entre los colombianos sólo quedó el recuerdo de las peleas de Uribe y Santos, debidamente amplificadas por los medios de comunicación, casi todos afectos al régimen. Y la palabra “rufián” con que el presidente Santos calificó a los organizadores de la zambra y al expresidente Uribe. Nada más. A cambio se produjo una reunión zalamera organizada por los congresistas del Partido Liberal con el Primer Mandatario. Sobra decir que se trataba de ratificarle su respaldo absoluto con el cual le dijeron que él era liberal y el gobierno era liberal, su forma de garantizar lo que han recuperado, después del ‘error’ de estar en la oposición. De decirle que cualquier cosa que tuviera a bien proponer tenía el absoluto e irrestricto respaldo del partido que otrora, en las épocas en que Alfonso Palacio Rudas, decía que “no hay que tragar entero”. Y hubo silencio en el Partido Conservador, empeñado como está en defender a muerte la elección del Procurador General, las cuotas de poder que cada vez se reducen más y las maquinarias que aún tiene en departamentos y municipios. Es decir, los principios proclamados por Caro y Ospina se echan al bolsillo y nada de reclamar por la ausencia de Justicia o de criticar las decisiones que afectan al ciudadano y al país. Poco hay que decir que nada sabemos de la oposición representada por el Polo Democrático Alternativo, hoy hundido en sus peleas internas. O del misterioso Partido Verde. Nada hay en ellos que concite el interés o que los ponga a pensar en los daños que está sufriendo Colombia por la desindustrialización y la crisis del sector cafetero. Es decir, la política en Colombia está muerta. Depende de las garroteras en un solo partido y las babosadas de Roy Barreras porque los demás se convirtieron en apéndices o testigos mudos de un régimen que hace muchos años no tiene oposición. Y mientras tanto, el paro judicial, los crímenes de las Farc y de las Bacrim y las benditas conversaciones que despiertan más dudas que certezas o la impotencia de los habitantes de Pradera, de Padilla y de Palmira ante la violencia que los golpea, son testigos mudos de la ausencia de la política en Colombia.

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