¿Salto al vacío?

Noviembre 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Cuando el paro estudiantil se debatía en el letargo por la indiferencia y el hastío de la sociedad, el Gobierno le dio un aire insospechado. Ahora, una vez que el reversazo del presidente Juan Manuel Santos despertó el ‘monstruo’ de la protesta pública, es de esperar que se llegue a un acuerdo sensato, alejado del populismo y el radicalismo.El paro de los estudiantes ha sido hasta ahora un ejemplo de los cambios que se están produciendo en Colombia. No recuerdo haber visto que los manifestantes abracen a los policías y que una marcha estudiantil no sea usada para lanzar papas bomba y escribir en las paredes sino para bailar y convertir en fiesta lo que antes terminaba en pedreas, contusos y frustraciones. Y tampoco recuerdo que la indiferencia y el rechazo a la violencia tradicional en esas manifestaciones se haya transformado en el interés que hoy despierta la protesta estudiantil. Ya aparecerán los científicos que expliquen lo que está ocurriendo. Pero me atrevo a decir que se está produciendo un inusual ejercicio de la democracia pacífica y ciudadana con un propósito positivo y alejado de la retórica mamerta. Ahora se habla de mejorar la educación superior y del papel que debe cumplir el Estado para convertir en realidad el eterno discurso de que “la educación es el futuro” con el que se disfraza la falta de interés en trasformar la educación pública y acabar los guetos clientelistas que ahogan universidades como la del Valle y permiten que las usen para producir violencia. Interesante fue la forma en que el presidente Santos revivió la protesta al desconocer lo actuado por la Ministra de Educación y suspender el debate que cumplía el ritual fijado por la Constitución. Al ordenar el retiro de la propuesta presentada al Congreso, Santos desautorizó a su ministra, dejó por fuera de la discusión a su Unidad Nacional y llevó a que el asunto se tenga que resolver entre él y el movimiento estudiantil. Es decir, ya no hay más instancias entre el movimiento y la máxima autoridad del Estado. Salvo que el presidente Santos dé otra reversa y vuelva a entregar a los Congresistas las decisiones que les arrebató el pasado martes, se ha creado una nueva forma de legislar, la del debate público y abierto que lleva a compromisos plasmados en leyes. Guardadas las proporciones, es como si se apelara al constituyente primario para decidir la suerte del Estado y pasando por encima de los partidos. La inquietud de un país tan conservador como Colombia se ha expresado de múltiples maneras. Aunque todos reconocen como positivo el sorpresivo florecimiento de la democracia, son muchos los que auguran el fin de la seguridad y expresan su alarma por la forma en que está actuando el presidente Santos. Hay los que creen que su actuación es oportunista. Y no faltan quienes temen que el Mandatario no sea capaz de manejar el monstruo y comparan lo sucedido con la reunión de los Estados Generales que citó en 1789 el rey Luis XVI para hablar de la crisis fiscal en Francia y terminó derribando la monarquía e imponiendo la revolución burguesa. La preocupación es también si los estudiantes se dejan influir por personajes como doña Piedad Córdoba, ejemplo de la política anacrónica y fracasada, o si serán capaces de llevar a cabo la discusión civilizada que se requiere. Todo está por verse en un momento que desde ya puede calificarse como histórico.

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