Rodeados de locos

Rodeados de locos

Agosto 20, 2017 - 07:15 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¿Quién es peor entre Nicolás Maduro y Donald Trump? Bueno, pues esos son los tipos que usan a Colombia para hacer sus locuras, como si fuéramos títeres de un sainete macabro.

Trump está empeñado en la guerra para tratar de superar los escándalos de sus negocios, de su familia haciendo negocios y de su campaña negociando con la gente de Vladimir Putin. Por eso amenaza con una guerra contra Corea del Norte, manejada por otro loco que tiene ni más ni menos que el poder nuclear. Y con guerra a Irán porque está a punto de tener armas atómicas.

Además, tiene a su país encendido, promoviendo el odio a todo lo que se oponga a sus locuras, dando declaraciones erráticas que justifican la violencia racial, empeñado en un debate que pone en ridículo la democracia de los Estados Unidos y amenazando a quienes lo critican y lo investigan. Todo, para tapar el escándalo de sus vínculos con Rusia.

Y su gran referencia a nosotros sus vecinos, es la posibilidad de invadir a Venezuela. Con ello le dio un golpe mortal a la oposición venezolana contra la tiranía de Maduro. Pero, además, con la visita del vicepresidente Mike Pence se dio a entender que la punta de lanza contra Maduro será Colombia, así justifique su visita con la firma de un tratado para exportar aguacate a los Estados Unidos. Aunque el presidente Santos condenó cualquier posibilidad de invasión, lo cierto es que quedamos en la primera línea de la estrategia bélica de Trump.

Al otro lado está Maduro, quien tomó el papayazo y lo volvió bandera nacionalista, lo que cambia en forma dramática el escenario en Venezuela. Ahora, hasta la oposición condena la declaración arrogante, inoportuna y sin sentido de Trump. Su torpeza le dio argumentos al dictadorzuelo vecino para citar a ejercicios militares en un país arruinado por la dictadura militar y mandado por Cuba desde la trastienda, y para arreciar su ofensiva contra Colombia. No les queden dudas sobre su intención de crear un conflicto, en el cual estamos en la primera línea.

¿Y nosotros? Aquí, haciéndonos los locos. Enredados hasta el alma con la desmovilización de las Farc y las sorpresas que aparecen en los acuerdos de La Habana. Hundidos hasta el cuello por las denuncias de corrupción que ya llegaron a dos expresidentes de la Corte Suprema que con seguridad no serán investigados por la Comisión de Absoluciones de la Cámara de Representantes. Es decir, en nada, y como espectadores pasivos del derrumbe de nuestra democracia.

Estamos pues en medio de dos locos, iguales en su forma de interpretar sus cargos, de hacer escándalo para dividir las sociedades que deben orientar y de incentivar a las minorías radicales que los respaldan mediante la violencia y la intimidación. Similares en su manera de perseguir y descalificar al periodismo libre que se atreve a investigar sus procederes y a criticar a quienes entienden el poder como algo de su propiedad que les da derecho a agredir a los demás.

Algo tenemos que hacer los colombianos, además de las declaraciones bogotanas de condena que ignoran el desastre de la frontera con Venezuela, donde los grupos guerrilleros y la delincuencia hacen su agosto ante los ojos de las autoridades. De lo contrario, nos pueden involucrar en una guerra cuando menos pensemos.

Que no se nos haga tarde para evitar la trampa en que podemos estar cayendo.

Sigue en Twitter @LuguireG

VER COMENTARIOS
Columnistas