Retórica y terrorismo

Retórica y terrorismo

Mayo 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Mientras el gobierno se engolosina con la posibilidad de lograr una negociación con las Farc, éstas le contestan con terrorismo. Y mientras la experiencia dice que hay que evitar la radicalización que tanto daño produce, lo que está ocurriendo muestra que somos capaces de olvidar lo que hemos logrado para recuperar la tranquilidad.El atentado a Fernando Londoño no es sólo una cuenta de cobro de las Farc a quienes denuncian sus barbaridades. Es ante todo un ataque directo a quien simboliza un sector de la opinión pública, con el cual se pretenden agudizar las contradicciones de un sistema que se debate entre un gobierno empeñado en construir la unanimidad a su alrededor y la tozuda y en veces inexplicable oposición de Uribe. Y lo están consiguiendo. Cualquiera puede estar en desacuerdo con Londoño. Pero si queremos una democracia civilizada, todos debemos defender su derecho a decir lo que piensa. Eso no sucedió el martes pasado. Flaco servicio le prestan a la paz quienes desde el gobierno dicen que no saben quién ordenó el atentado. Todo el mundo sabe que son las Farc, que durante décadas han usado el terrorismo para amedrentar y confundir. En el interés de abrir camino a negociaciones con la guerrilla está la explicación de muchas cosas. Y alrededor de eso se está produciendo la radicalización, que explotan las Farc mientras escuchan tonterías como las del hijo de César Gaviria, presidente del Partido Liberal y de la Cámara de Representantes. Nadie, doctor Gaviria, puede pensar que es serio achacarle a la derecha el ataque a Londoño dizque para frustrar la aprobación del “Marco Jurídico para la Paz”, eufemismo con el que pretenden entregarle al Gobierno herramientas para la negociación que parece avanzar en secreto. El Marco hace recordar las épocas en que Andrés Pastrana comprometió al país en unas concesiones que dejaron el peor saldo de sangre y destrucción que recuerde la historia. Triste experiencia, que llevó a los colombianos a elegir el fortalecimiento del Estado para que pudiera derrotar el terror.Ahora quieren abrir excepciones al orden jurídico para posibilitar el afán de diálogo. Esas excepciones tendrán que hacerse cuando exista un compromiso serio de respetar el Estado de Derecho y dejar el crimen. Pero hacerlo antes, es ignorar que a las Farc no les interesa la paz sino el poder a cualquier precio, y caer en otro error como el de Pastrana. Pero lo peor es la pelea furiosa entre el expresidente Uribe y el Gobierno sobre cómo enfrentar el terrorismo. Ante el unanimismo que pretenden imponer en Colombia, Uribe cumple el valioso papel de hacer oposición. En medio de ese enfrentamiento pasan las Farc, poniendo sus bombas y matando policías y soldados en el Cauca, en el Catatumbo o en el Caquetá. Y se fortalecen los clientelistas que votan sin reflexión el tal Marco para que no les cobren su deslealtad quitándoles puestos y prebendas por pensar distinto. Vamos mal y puede ser peor si los dirigentes no escuchan los temores y los rechazos de la gente. Y si se persiste en imponer el unanimismo que comunica mediante editoriales de El Tiempo la retaliación que recibirá quien no vote el Marco para la Paz. Cuando eso pasa, el radicalismo asesino vuelve a aparecer, reemplazando la retórica vacía de la paz por la irracionalidad asesina del terrorismo. El atentado a Londoño es la prueba.

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