¿Qué quieren las Farc?

¿Qué quieren las Farc?

Febrero 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Ante la gravedad de los hechos, el desarrollo del proceso de diálogo del Gobierno y las Farc son temas obligados. Cómo no reconocer que el proceso fue mal planteado desde el principio, y que el presidente Juan Manuel Santos debe dar el timonazo necesario para impedir el juego malevo que le han planteado sus interlocutores. El secuestro de los dos policías en el Valle desnudó ese juego. Es que el problema no es gastarse una vida hablando de la tierra, y recibiendo propuestas imposibles como la “formalización de la guerra” o la convocatoria de una Constituyente. El verdadero problema es definir si las Farc continuarán cometiendo crímenes de lesa humanidad y destrucciones absurdas mientras hablan de paz. Después de eso, hay que preguntarles si están dispuestas a reconocer su responsabilidad en los miles de atentados cometidos contra la dignidad humana y a responder por las incontables víctimas que han dejado durante 50 años de violencia. Y si están en condiciones de asegurar que todos sus integrantes se retirarán del narcotráfico, negocio que al parecer está causando su división.Eso es lo que están esperando los colombianos. Ya no es posible seguir con el juego en el cual los delegados de las Farc se explayan en las discusiones, exigen foros que se toman sus simpatizantes y usan cada posibilidad de acceder a un micrófono para promulgar sus arengas, mientras los delegados del Gobierno guardan silencio. Como no es posible aceptar que se justifique su violencia desde los cargos oficiales. El secuestro de los policías llevó a que el presidente de la comisión, Humberto de La Calle, saliera a contestar con advertencias enérgicas, mientras las Farc secuestraban y liberaban a tres ingenieros en el Cauca. Quiere ello decir que el Gobierno quemó uno de los recursos más importantes en su posición negociadora, en tanto las Farc se presentaban como víctimas y decían que el Gobierno estaba llenándose de razones para levantarse de la mesa de negociación. Creo en la buena fe del presidente Santos y en su buena voluntad al plantear los diálogos con la guerrilla. Y aunque estoy seguro que en algún momento debe haber una negociación con las Farc, discrepo sobre si ese momento es éste y si el temario era la reconstrucción del Estado que aparece en los puntos acordados en agosto. También pienso que la paz se convirtió en bandera partidista, ya sea para afianzar la reelección de Santos o para promover el regreso del uribismo al poder. Pero mucho me temo que, como ocurrió con el expresidente Pastrana, la guerrilla le está jugando con cartas marcadas al presidente Santos. Ellos no quieren la paz: quieren el protagonismo y necesitan un respiro. Y no están dispuestos a dejar las armas: como hace 40 años, el objetivo de algunos de sus jefes es tomarse el poder mediante el terror; y de otros, seguir disfrutando su riqueza mal habida y explotando el narcotráfico. Como puede verse, lo de menos es la confidencialidad de lo que se discute en La Habana, porque allí se avanza poco, y los temas planteados parecen ya disculpas para prolongar la estadía en Cuba. Lo que está ocurriendo, el verdadero pulso, está en los medios de comunicación y en el terreno donde se siguen cometiendo atentados contra los Derechos Humanos. Es el escenario que las Farc querían.

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