Por un comunicado

Por un comunicado

Octubre 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Luego del comunicado de La Habana, sobre los medios de comunicación se vino un alud de informaciones, desinformaciones, rectificaciones, aclaraciones, desmentidos, columnas a favor y en contra, propuestas y contrapropuestas. Al final, todo el mundo, empezando por quien escribe, se dio cuenta que era sólo un comunicado de prensa. Es decir, que los diez puntos del documento sólo muestran en qué se pusieron de acuerdo las partes y los facilitadores sobre lo que iban a decir el pasado 24 de septiembre. Nada más. Después se supo que muchas cosas no se habían acordado y, según el Gobierno, el acuerdo sobre la justicia no está terminado. Lo que sí asegura es que no van a existir condenas simbólicas, y que los miembros de las Farc que sean responsables de delitos atroces y de lesa humanidad deberán cumplir penas que restringen su movilización y los ubican en lugares vigilados.A lo cual responden las Farc que eso no es cierto. Que lo acordado permite cumplir las penas “en el campo, en las veredas, en las regiones”, según el ilustre rector de la Universidad Externado de Colombia, uno de los juristas que representó al Gobierno. Mientras, el abogado de la guerrilla dice que las Farc no han cometido ningún delito de lesa humanidad, porque todos son conexos al “legítimo derecho a la rebelión”.Y reapareció nuestro Fiscal General. Además de empezar una campaña para que lo reelijan por un año más como “el Fiscal de la Paz”, se despachó en amenazas al expresidente Álvaro Uribe y al ex vicepresidente Francisco Santos. Dice que deben acusarlos ante el tribunal que fue anunciado más no creado, que no tiene funciones ni límites ni integrantes. Con lo cual, antes que aumentar el respaldo al proceso, lo que logra es profundizar la división. Entonces, el debate se desvió, y el doctor Humberto de la Calle (“¡ha explotado la bomba de la paz!”) salió a desmentirlo.Lo mismo debió hacer el presidente Santos, aunque el Fiscal remató diciendo que a Uribe lo juzgarán por sus actuaciones en la Gobernación de Antioquia, que él no ha investigado, no ha documentado ni ha completado, como debiera hacerlo si tuviera las pruebas. Para ello no necesita el tribunal especial que aún no está acordado en su integridad. Y las Farc no perdieron el papayazo para atacar a quien como Presidente las enfrentó y las derrotó. Ahora son los pájaros tirándole a las escopetas, usando el Tribunal para judicializar a Uribe, lo que concuerda con el fiscal Montealegre. Y para desmentir al presidente Santos, acusándolo de desconocer lo que está firmado, que nadie sabe qué es. Lo claro es que no se sabe qué se acordó sobre la justicia en La Habana. Y en medio de la algarabía, se conoció una declaración de “Timoschenko” ordenando el desmonte de las escuelas de guerra en las Farc. Ese sí es un gran anuncio, un gesto de buena voluntad de aquellos que construyen confianza, muy distinto a las declaraciones a medias que crean desconcierto y al uso de los acuerdos para crecer la división entre los colombianos, a favor o en contra de Santos o de Uribe. Esa es la pelea que tiene cansados a los colombianos: que no sea posible lograr un acuerdo mínimo entre los dirigentes más significativos del momento, y que protagonicen una de las más lamentables, eternas y estériles confrontaciones de nuestra historia. De resto, toca esperar el siguiente comunicado, o que nos muestren el acuerdo sobre la justicia.

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