Por un borracho

Por un borracho

Marzo 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Increíble: la filtración del video de un borracho movilizó a los medios de comunicación en Colombia. Y durante varios días desplazó las noticias que de verdad afectan a todo el país.Empiezo por incluirme en la enorme lista de quienes dedicamos el espacio para hablar del borracho. Pero quiero hablar del otro lado, el lado de una historia que se produce a diario y en todas partes, con licor o sin licor de por medio. El episodio empieza por la Policía Nacional, que grabó las palabras de un ebrio quien se declaró de mejor familia para que no lo sancionaran. ¿Puede hacerlo? Después, y aprovechando que los noticieros de televisión nacional parecen ya una dependencia de sus oficina de comunicación, les entregó el video del borracho. ¿Está bien que la Policía difunda de esa manera la detención de un borracho, así insulte a uno de sus integrantes?Y los canales lo difundieron como su gran chiva, dedicándole más tiempo que a la crisis de la Corte Constitucional. Incluso pusieron a un expresidente de la República a trastabillar sobre su parentesco con el borracho. Luego, la Fiscalía General de la Nación anunció la apertura de una investigación contra el borracho, con más celeridad que su anuncio acerca de la investigación sobre el escándalo de la Corte Constitucional. Hasta el presidente Santos se refirió al borracho.El episodio tomó vuelo. Y se tomó la radio. Desde las emisoras más sensacionalistas hasta las que se sienten de mejor familia y se burlan del prójimo que les parece “lobo, ala”, todas han dedicado horas al borracho. Y repiten como “chivas” las canciones y las coplas que los humoristas a los cuales recurren con frecuencia le han compuesto al borracho. Incluso se preocupan por leer con entonación solemne la carta que el borracho escribió, o le escribieron, presentando excusas.Y llegó a la prensa escrita y los periódicos virtuales. Periodistas, columnistas como yo y cuanto opinador existe, se dedicaron, o nos dedicamos, a hablar del borracho, mientras en la web montaban el video del ridículo. Sacaron lecciones morales unos, escribieron sesudas explicaciones otros y hasta revivieron la lucha de clases por el borracho que dijo lo que todos han dicho alguna vez cuando cometen una pilatuna. Así, el terrible informe de la violencia en Buenaventura que presentó Humans Right Watch, se quedó pendejo frente a la importancia del borracho. Y pocos se preocuparon por preguntar si es sano que la Policía Nacional filtre de manera selectiva los videos y que los entregue a los noticieros de televisión. ¿Por qué esa institución, respetable sin duda, pero que todo lo graba, no publica los videos donde aparecen las reacciones de sus efectivos, en algunos casos excesivas? Claro, el borracho irrespetó a la autoridad, profirió insultos inaceptables contra los agentes que lo detuvieron y se resistió al arresto. ¿Era necesario producir semejante escándalo que incentiva a otros borrachos a hacer lo mismo para salir en televisión? No. El borracho dice estupideces y debe ser recluido como cualquier ciudadano que irrespeta a la autoridad. Pero no existe necesidad ni derecho de lapidarlo ante el público. O de convertirlo en figura. Bastaba cumplir con el deber. Todo es pues un espectáculo nacional y bochornoso, ocasionado por un borracho y amplificado por la necesidad de la Policía de mostrar resultados y por la ambición de los medios de explotar las filtraciones, producir escándalos y aprovechar el morbo de sus audiencias.

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