Por qué no lo quieren

Por qué no lo quieren

Agosto 06, 2017 - 07:15 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Los amigos del presidente Juan Manuel Santos saben que a él no lo favorecen las encuestas ni goza del favor popular, a pesar de tener la medalla del Nobel y haber logrado la desmovilización y el posible desmantelamiento de las Farc. Y se preguntan, algunos con lágrima en el ojo, el porqué.

Pues con casi todos los nombramientos de su último gabinete, el Presidente mostró la que puede ser la más poderosa de las razones. Fue una movida que aún no tiene explicaciones, salvo el interés de preparar las elecciones, o porque el presidente puede hacer lo que a bien tenga.
Por ejemplo, le aceptó la renuncia al ministro de Agricultura, algo obvio después de los problemas que ha causado en la cartera, sus pelea contra Fedegán cuya consecuencia es el brote de aftosa. Eso sí, después de llenarlo de elogios, se la aceptó con efecto suspensivo hasta tanto resuelva ese problema y mientras puede acomodarlo en el falleciente Partido de la U. Y no nombró sucesor.

Toda una jugada al estilo bogotano. Es decir, llena de anzuelos y mensajes contradictorios para que los medios oficialistas gasten espacio tratando de convencer a sus lectores y escuchas sobre lo genial de la estrategia que no lleva a ninguna parte, no le sirve a la U y mucho menos al país.

En vivienda, le aseguró la cuota a Vargas Lleras y a los Char de Barranquilla, los más grandes electores que le quedan en la Costa Atlántica después de la destortillada de los ‘Ñoños’ por los sobornos del consorcio de la Ruta del Sol. Nadie fuera de Barranquilla y de los Char conocen al señor Pumarejo. No importa. Para el Presidente, eso es suficiente.

Y trajo dos cartas que ya había quemado. La doctora María Lorena Gutiérrez con quien tuvo una célebre garrotera por su oposición al hoy Fiscal de la Nación. Y a Germán Cardona, que hace seis años lo echó del mismo ministerio de Infraestructura en medio de una lluvia de críticas.

Fue un reciclaje que quedó mal e hizo quedar mal al Presidente y a Colombia frente a Alemania, donde ha mandado no sé cuantos embajadores, incluido la candidatura de nuestro célebre exfiscal Montealegre quien, menos mal, no aceptó.

Se dice que Santos necesita verdaderos amigos para la recta final. Sin embargo, nadie entiende que haya dejado ir a Sergio Jaramillo, quien lo llevó al Nobel y le puso el pecho a las Farc, construyendo el logro más importante de su gobierno. Y que reviva otro quemado, Rodrigo Rivera.

Todos se preguntan porqué nombró en Findeter a Carlos Correa, su asesor y exalcalde de Montería al borde de la cárcel por el coliseo Happy Lora. Y si el señor Juan Carlos López, el “funcionario impecable” que salió de Millonarios rico en cuestionamientos, es más amigo del mandatario que Cristina Plazas, a quien le cobraron su no a los clientelistas acostumbrados a hacer fiestas y campañas con la plata de Bienestar Familiar.

Otro gran amigo, y gran enigma, es el Secretario General, un señor Prada famoso por su arrogancia y sus metidas de pata, como la de haber dicho que López fue escogido por un “head hunter” (!). Ese es hoy el man del computador que habla por la Casa de Nariño.

Ahora, el Gobierno está en líos porque, entre otras cosas, perdió a Cristina y se quedó sin López quien, no lo duden, iba a engrasar la campaña que empieza. Y se quedó en medio de las dudas que las actitudes de Santos producen en el país y entre sus amigos.

¿Vio por qué no lo quieren?

Sigue en Twitter @LuguireG

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