¿Por qué no las oyen?

¿Por qué
no las oyen?

Noviembre 05, 2017 - 07:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Con los índices más bajos de credibilidad y de respaldo en la historia, los dirigentes políticos siguen desconociendo la opinión de los colombianos y la grave situación de las instituciones. Y se aprestan a realizar unas elecciones con las cuales refrendar su dominio del poder.

Esta semana se conocieron dos encuestas que deberían producir reacciones. Y no es sólo por lo que está aconteciendo con las cincuenta precandidaturas presidenciales que muchos medios y periodistas se empeñan en destacar por encima de las inquietudes de los encuestados, graves y profundas, que demuestran esos sondeos.

En efecto, muchos se concentran en analizar quién va adelante, quién se desploma, quién sube y en especular sobre lo que ocurrirá en la elección presidencial de mayo próximo. Y tercamente se empeñan en pasar por encima de la abrumadora falta de legitimidad que padecen el Congreso de la República, las Cortes, el Presidente y el Gobierno, la Policía, los dirigentes y el proceso de paz que ha traído cualquier cosa menos la paz.

Incluso, ignoran que los medios de comunicación sólo tienen el 51% de opinión favorable en la encuesta de Invamer. Y que las únicas instituciones que mantienen la confianza de quienes la respondieron son los militares, mientras la Iglesia Católica recuperó algo de su decaído prestigio.

Lo más grave es que los partidos tienen un miserable 8% de respaldo y el Congreso y sus integrantes tienen un famélico 14%. Que el sistema judicial tiene el 15%, la Constitucional el 31%, la Fiscalía 40%, la Contraloría 41%, y la Policía Nacional el 42%. Por su parte, el Presidente naufraga en un patético 26%, y su gobierno se raja en forma abrumadora en todas las preguntas sobre la lucha contra la corrupción, la inseguridad, la situación de la salud y la economía.

Para justificar el manto de silencio que algunos tienden sobre esas respuestas, se dice que son producto del negativismo y que hay que inyectarle optimismo al país. Con ello eluden el deber de mostrar la sensación de desgobierno que se vive y le hacen un favor a quienes deberían responder por la crisis de confianza de los colombianos, acosados por la violencia urbana, el narcotráfico, los narcocultivos y la ineptitud para detener una plaga mortal para la democracia.

Y no los oyen. A los llamados políticos y a muchos periodistas les interesa sólo hablar de las elecciones con las cuales refrendarán su poder sobre el Estado y especular sobre los candidatos. Por eso no hay debates serios sobre asuntos como la Justicia Especial de Paz, la ley de tierras o tantos otros que con seguridad serán aprobados a pupitrazo antes de que se venza el plazo del Fast Track.

Tampoco se profundiza sobre el daño que causa la corrupción y cómo cerrar una vena por la cual se pierden 60 billones de pesos al año. Ni se habla de una política económica que impida el desastre hacia el cual nos encaminamos si permitimos que continúe el gasto público desbordado y lleno de subsidios que se financian con endeudamiento y reformas tributarias nocivas.

Las encuestas no son la verdad revelada, pero muestran lo que la gente piensa. En este caso, son voces que denuncian el abismo que hay entre una sociedad llena de conflictos, desigualdades e insatisfacciones, y un Estado cada vez más ilegítimo que se aleja de la voluntad nacional y está llegando a ser una plutocracia sin escrúpulos.

¿Por qué no escuchan esas voces?

Sigue en Twitter @LuguireG

VER COMENTARIOS
Columnistas