Poder y ambición

Poder y ambición

Julio 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Las audiencias que la Procuraduría y la Fiscalía siguen contra Andrés Felipe Arias dejan sensaciones contradictorias. Pero no hay duda de que la amarga experiencia que vive el joven e intrépido dirigente fue causada por la ambición que le despertaron los espejismos del poder. Su carrera profesional es brillante. Alumno de universidades como Los Andes de Bogotá y la de California en los Estados Unidos, su trayectoria académica e investigativa le auguraba una carrera destacada como economista. Y su paso por cargos en el Banco de la República, así como su desempeño como director de política macroeconómica del ministerio de Hacienda y como viceministro de agicultura, hacían prever que sus aspiraciones a ser dirigente público podrían tener un resultado feliz. Su llegada al Ministerio de Agricultura significó lo que parecía su grado como líder en los asuntos públicos. Apoyado sin límites por el presidente Álvaro Uribe en sus dos presidencias, Arias diseñó y ejecutó programas interesantes para el progreso del campo, bajo su particular concepción conservadora. Incluso el Agro Ingreso Seguro obtuvo resultados notables en el apoyo a pequeños y medianos agricultores, así fuera justificado como un programa para responder a un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que cuatro años después todavía no opera. Pero aparecieron sus expresiones absolutistas. Invandiendo terrenos que no le correspondían, utilizó la absurda propuesta de despejar Pradera y Florida para crear una imagen de superministro y heredero de las consignas de su jefe el Presidente. Con el beneplácito de quienes creían llegada la hora de mezclar decisiones civiles con intrepideces militares, ‘uribito’ se convirtió en el ariete de la derecha absolutista, la que no ve otra solución que las armas ni acepta pensamientos distintos a los suyos. Con ello se ganó la animadversión de muchos que alguna vez lo vieron como alternativa. Y remató la faena con las barrabasadas en el AIS, que manejó como si el ministerio fuera suyo, como si las mayorías uribistas fueran suyas, como si el país se doblegara a sus pies. Sin duda, el aliento de su jefe lo convenció de que era un predestinado y esa mezcla de política con religión propia de la derecha intolerante le acabó de nublar el pensamiento.Aspiró a ser candidato conservador para defender la trielección de Uribe. Es decir, no para ser presidente sino para hacer un mandado. Los conservadores no le perdonaron su arrogancia y el desprecio a su partido, además de que su campaña debió explicar maniobras oscuras que todavía no están suficientemente aclaradas y saldrán a flote en el proceso contra Arias.Hoy, Andrés Felipe Arias es objeto del escarnio, el Procurador lo destituye acusándolo de los peores hechos contra la Administración y la Fiscal lo acusa de delitos y abusos, declarándolo una amenaza pública. Convertido en símbolo de la cruzada contra la corrupción, el antes prometedor dirigente está a la espera de su aciago futuro. Lástima que Arias esté viviendo ese calvario, y ojalá pueda defenderse de las acusaciones. Pero puede decirse que su futuro lo labró la ambición desmedida por el poder que siempre es efímero, que enceguece y no perdona a los que olvidan que gobernar genera obligaciones antes que perrogativas.

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