Petro para rato

Petro para rato

Marzo 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Terminó otra etapa de Gustavo Petro. Pero puede decirse que su carrera política apenas empieza. Dirán que con su destitución le asestaron una derrota de la cual no podrá recuperarse. Y que la actuación del presidente Santos al negarse a aplicar las medidas cautelares que “recomendó” la Comisión Interamericana de Derechos Humanos fue la sentencia de muerte política para quien toda su vida no ha hecho otra cosa que desafiar al Estado de Derecho. Pues se equivocan. La obsesión de Petro es desacreditar hasta la médula ese Estado para montar el suyo propio. A semejanza de Chávez en Venezuela, una vez fracasados sus intentos por tomarse el poder mediante las armas, el exguerrillero se ha empeñado en demostrar, desde adentro del mismo sistema, que éste no sirve. Que las instituciones son de papel; que es inmune y sus tropelías deben perdonarse porque lucha contra la corrupción y la inequidad. Que es adalid de la verdad aunque sólo sea su verdad.Por eso no le importó aprobar como senador el Código Disciplinario donde se reglamentan las facultades de la Procuraduría para sancionar a los funcionarios que como él incumplen sus deberes, para después desconocerlo. O para elegir y reelegir a Alejandro Ordóñez para después descalificarlo por que cumplió con su deber. ¿Cuál deber? Sancionar a quien fue su fiel elector por abusar de su cargo y causar un enorme daño a la sociedad, a Bogotá y al patrimonio público. Pero es que a Petro no le importaba ser un buen gobernante si no demostrar que el Estado no funciona, por lo cual debe refundarse la República. Se apropió de la palabra democracia y dio a entender que no había otra distinta a su democracia, aprovechando la debilidad de la política colombiana, que hiede, que no tiene autoridad moral y no es capaz de reaccionar ante los gestos dictatoriales del exguerrillero que ganó su elección aprovechando la división de sus contrincantes. Es que Petro nunca ha sido mayoría. Pero sí sabe aprovechar las contradicciones de un sistema que tiembla, convirtiéndose en intérprete de la protesta que crece. Por eso, cuando se dio a conocer la sanción que le impuso la Procuraduría llenó la Plaza de Bolívar con cuarenta mil personas, y consiguió el respaldo de la mayoría de bogotanos que se solidarizaron con su aparente indefensión. “Es mal alcalde pero no ladrón”, parecían decir las encuestas que publicaban los medios que antes lo atacaban con ferocidad y de pronto empezaron a defenderlo. Sólo que ahora se le fue la mano en soberbia. Por eso, cuando el presidente Santos se negó a aplicar las “recomendaciones” de una Cidh cuyo propósito es cualquier cosa menos los derechos humanos, a la Plaza de Bolívar salieron cuatro mil de sus copartidarios y tres mil quinientos policías. Esa fue su verdadera derrota, así Holman Morris, su Canal Capital de propiedad del Estado y todo el periodismo mamerto se empeñen en mostrar un respaldo de masas que no existió.Pero eso no significa el final de Petro, así ahora vuelva a fracasar pidiendo una Constituyente, como lo hacen las Farc en La Habana. Mientras la política colombiana siga siendo la cloaca que hoy vemos, llena de Ñoños, Abusaibes, Moreno Rojas, Martínez, fraudes y corrupciones, el alcalde destituido por su mal gobierno seguirá siendo una opción en Colombia. Ya verán.

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