Perplejos

Octubre 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Luego del plebiscito, del Premio Nobel de la Paz y de los bandazos, estamos en el desconcierto. Que no se supera con alocuciones diarias del Presidente, sino con decisiones valerosas para cumplir con el deber que exigen los ciudadanos en la calle. El No no es el expresidente Uribe, ni el Centro Democrático, ni el exprocurador Ordóñez, ni el expresidente Pastrana, ni la excandidata Ramírez. El No son todos ellos y mucho más. Es la carta que envió el presidente del Consejo de Estado al Gobierno alertando sobre los graves errores que se estaban cometiendo y las exclusiones de la Justicia, la tercera parte del Estado, en el acuerdo que quisieron mostrar como un hecho cumplido y hoy no existe por ue así lo dijeron la mayoría de los votantes del plebiscito y la abstención. Es la carta que aún no tiene respuesta. El No son también muchos magistrados y jueces que rechazan la forma en que se pasó por encima de las instituciones jurídicas. Y es la expresión de quienes no aceptan que sean las Farc quienes ahora pongan las reglas de juego, convertidas ya en parte de ese establecimiento que descalifica a los votantes por el NO y trata de desconocer la decisión del 2 de octubre. Es a ese desconocimiento al que se le debe poner remedio, si se quiere lograr una paz estable y duradera como dice el frustrado acuerdo de La Habana. Y hay que hacerlo con la Constitución que acepta la inmensa mayoría. Sin facultades extraordinarias y sin insertar en ella normas extrañas mediante la manipulación del Derecho Internacional Humanitario para conseguir la aceptación del grupo de violencia más rechazado por los colombianos. Se trata de usar las atribuciones que esa Ley distribuye entre los poderes públicos para darle vida a acuerdos que sean justos. Y de regresar a la política, secuestrada por el clientelismo y los intereses partidistas que están de espaldas a las necesidades el país y a sus realidades. Eso no se logra poniendo a los ministro del Interior y de Relaciones a descalificar todo lo que se proponga y a afirmar que la última palabra la tienen las Farc. Ni designando como interlocutores a Roys Barreras, Horacio Serpa y Armando Benedetti, representantes excelsos del mundillo clientelista, el verdadero derrotado, mientras se habla a la comunidad internacional como si ella decidiera lo que quiere nuestro país. Eso se logra escuchando con respeto a los que se acercaron al Gobierno para ayudar a construir un nuevo acuerdo. Los que plantean que no se necesitan jueces extranjeros para aplicar la justicia transicional y se puede hacer con los jueces colombianos, creando instancias y aplicando procedimientos transparentes. Que así se pueden conseguir también amnistías y condenas justas con las cuales se interprete la voluntad nacional para que las Farc se reintegren a la sociedad.Y se logra con la decisión para derrotar al narcotráfico, junto con la ausencia de Estado, los grandes enemigos de la paz en Colombia. Eso no admite medias tintas ni discursos retóricos mientras en el sur de Colombia o en Santander se mata y se destruye sin contemplaciones.Para ello, el Gobierno y los dirigentes nacionales tienen que salir de la perplejidad. Eso les dicen los miles de colombianos que reclaman resultados, que piden el regreso de la política con grandeza y no alocuciones diarias o maniobras para tratar de desconocer la voluntad popular.

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