Periodismo y dictadores

Julio 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Como si las libertades dependieran del gobernante de turno, los presidentes del Socialismo Siglo XXI avanzan en su propósito de callar a sus opositores y usar el periodismo como su vehículo de propaganda.Primero fue Hugo Chávez, quien fue producto prescisamente de la libertad de prensa. Las denuncias de diarios como El Nacional y su respaldo al cambio que debería significar el excoronel golpista lo llevaron a ganar las elecciones. Acto seguido empezó a preparar el terreno. Pero no como los dictadores de antes, que mataban o desaparecían periodistas o los mandaban al exilio.Chávez usó un instrumento más sutil: usó a la Asamblea Nacional para expedir una ley que constriñe la libertad de prensa. Como controla la Justicia, la utilizó para amedrentar, condenar y embozalar a los periodistas que no son de sus afectos. Y como de lo que se trata es de usar los medios de comunicación, manipuló licencias para estaciones de radio y televisión que favorecieron a sus lacayos, mientras silenciaba a Radio Caracas Televisión y peleaba por quedarse con Globovisión.Semejante lección, exitosa cuando uno es el presidente y el juez y el legislador, la repitió en los países donde están sus émulos. Como en el Ecuador, donde Rafael Correa y sus ambiciones absolutistas no toleran la crítica o la oposición. Fiel a su mentor, Correa se tomó todo el poder. Luego legisló sobre la prensa se encargó de que los jueces empezaran a silenciar la crítica. Ahora, además de perseguirlos, insulta a los periodistas como demostración de su soberbia de dictador. Eso fue lo que hizo con El Universo de Guayaquil. Pretextando que Emilio Palacio, su director de opinión y columnista, lo había ofendido al decirle dictador por su errática actuación en la protesta de los policías contra sus bajos salarios y por inventarse un golpe de estado, Correa demandó al escritor y al diario por injuria, reclamando una indemnización por US$ 80 millones, algo que ni el diario vende en diez años ni el periodista gana en esta vida. Y no le fue difícil encontrar al juez que accediera a sus propósitos aviezos, lamentándose que la condena fuera solo por US$30 millones.Ahora aparece Evo Morales. Usando el poder que ha acumulado, hace aprobar de su Congreso una ley que le da la posibilidad de apoderarse del espectro electromagnético, o sea de la televisión. Es decir los medios a su servicio como lo manda su tutor Hugo Chávez. Lo demás es cuestión de aventarle los perros de la justicia a cualquiera que se atreva a disentir de sus dictados, racistas casi todos. Eso es la toma de la comunicación para garantizar el silencio. Es el uso de la ley y de los jueces para lapidar a la oposición. Para destruir la libertad de pensar y opinar cuando quien lo hace no se pone al servicio del régimen y se convierte en lacayo. Todo ello apoyado en el populismo vulgar de quienes se declaran defensores del pueblo, al mejor estilo de las Farc en Colombia. Hace unos meses, Unasur cambió de manera inesperada. De repente, ya no es escenario de las peleas entre Chávez y Álvaro Uribe. Ahora es “peace and love”, de la mano de la encantadora María Ema Mejía, quien no se cansa de repetir que estamos en otra era. ¿No será Unasur el escenario para analizar los atropellos que contra la libertad de expresión perpetran los queridos presidentes del Socialismo Siglo XIX que pretenden silenciar, liquidar o controlar la prensa libre?

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