Perdón, ¿postqué?

Agosto 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Hoy debo pedir la indulgencia de los lectores. Sucede que por todas partes recibo declaraciones, textos y proclamas hablando del “postconflicto” en Colombia, y no he podido asimilar el discurso con el cual tratan de llevarnos a la tierra del olvido.Debo presentar disculpas porque no he podido entender si de lo que se habla es del final de la violencia, o si nos quieren convencer que el acuerdo con las Farc es un hecho y ello significará terminar esa violencia de hace ochenta años. Y también porque estoy perdido: no sé a qué país se refieren y porqué se piensa que ya estamos en “el final del conflicto”. Porque si se trata de Colombia, aquí las cosas están muy lejos de “terminar el conflicto”, así pretendan convencernos al decir que la nueva cúpula militar “fue pensada para preparar un escenario postconflicto”. Cómo así: ¿lograr cualquier acuerdo con las Farc nos lleva a la paz? Disculparán mi escepticismo, pero temo que es el mismo discurso de los diálogos del Caguán, cuando trataron de convencernos que la paz estaba cerca, en medio de la más aterradora embestida de la guerrilla y del nacimiento del paramilitarismo atroz. Algo que tampoco entendí fueron las declaraciones del nuevo Comandante de la Policía, el general Rodolfo Palomino. ¿Qué pretende vender el ilustre oficial mediático al decir que “buena parte del país está viviendo ya escenarios de posconflicto”? ¿Se refiere acaso a la extorsión que padecen los vendedores de tinto en Tuluá, o los de chance en Tumaco, o los habitantes de Buenaventura, sitiados por guerrillas, paramilitares, narcotraficantes y delincuentes de todas las calañas? ¿O al robo de celulares en cualquier calle de cualquier ciudad?Con franqueza, no entiendo. Lo que si creo es que la paz, los militares y los policías entraron en la campaña política. Porque la paz se convirtió en bandera partidista y quien se muestre escéptico o critique los diálogos en Cuba es enemigo de la reconciliación nacional. Porque hay alguien y muchos medios de comunicación que callan las amenazas de las Farc contra la libertad de prensa mientras se empeñan en hacernos creer que del proceso en la Habana depende la solución a nuestros problemas. Y qué mejor que ponernos a soñar con un país sin guerrilla para llevarnos a aceptar las concesiones que asoman. Me acordé entonces de Venezuela y el cuento de las matrices de opinión. Y leí a Óscar González, un feroz partidario del chavismo que la definió así en “aporrea.com”: Para generar una matriz de opinión se requiere comunicar masivamente, todos los días y en todos los periódicos, emisoras de radio y TV posibles de una determinada comunidad, una idea o un pensamiento específico (sin importar que sea una simple conjetura o especulación) con el tono y de la forma conveniente para que las personas de dicha comunidad, al ser bombardeados de manera incesante por los medios de comunicación, crean en ello hasta el punto de ni siquiera preguntarse si será cierto o no. Como dice el proverbio popular: “Una mentira dicha mil veces, se convierte en verdad”. En otros términos, eso se llama llevar a la gente a tragar entero, desconociendo el cinismo de las Farc, lo que quieren, cómo nos han engañado y de qué manera han sido protagonistas de las elecciones en las últimas décadas. Fue entonces cuando me surgió la pregunta: perdón, ¿postqué?

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