Perdón, ¿cuáles ricos?

Diciembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

El 20 de diciembre, uno debería estar hablando de la Navidad, de la feria o de la salsa que llega. Pero tantas inquietudes que le dejan el afán de imponernos la negociación con las Farc como el único tema nacional, y la forma en que le meten populismo barato tratando de convencer a las verdaderas víctimas, los pobres y campesinos de Colombia, no dejan dormir. Entonces, uno se acuerda de las amenazas que profirió el presidente Juan Manuel Santos en el 2012 para defender una reforma tributaria. “Voy a poner a chillar a los ricos”, dijo el mandatario de los colombianos. Y fuera de uno que otro gritico destemplado, poco se oyó, porque la reforma reculó en manos de Juan Carlos Echeverry. Nadie gimió, nadie lloró. Solo susurros, porque se entendió aquello como un recurso histriónico. Ahora resulta que el presi sí quiere poner a chillar a los ricos, pero por otra razón. Y revivió el cuento con motivo de una mala reforma tributaria, pero con la intención de deslindarse de su condición de “hombre de modo”. Aunque nunca ha negado su patrimonio, necesita buscar apoyos a su obsesión por conseguir respaldo a la negociación con el tercer grupo terrorista más rico sobre la faz de la tierra. Es decir, para negociar con el cartel más rico del mundo.Y entonces uno pregunta: ¿quiénes son los ricos que deberán chillar? ¿Acaso los empresarios que invierten en Colombia, país declarado como respetuoso de la libre empresa? ¿Serán los extranjeros que buscan petróleo y le han permitido al Gobierno tener la fuente de ingresos más grande de la historia? ¿Son ellos los que tienen que pagar el desenfreno en el gasto público, incluido el costo de las campañas publicitarias para conseguir votos o “crear imagen” a los funcionarios públicos?Y se siente desconcertado. O desequilibrado, como me dijo un amigo. Y vuelve a preguntar: y las Farc, ¿qué? ¿Apenas firmarán el papel que tanto reclama el Gobierno? ¿Será que después de aquello y de la amnistía que exigen, pagarán impuestos por los 600 millones de dólares que vale su fortuna, según la revista Forbes? ¿O el predial sobre las 900.000 hectáreas que tienen en el Meta? ¿Evadirán los impuestos sobre las enormes ganancias que les dejan el narcotráfico, el secuestro y la extorsión? ¿Acaso eso de ser ricos les da la oportunidad de lavar su imagen, como pretenden hacerlo algunos de los medios entregados a la causa? A propósito, lo más extraño fue el editorial de don Luis Carlos Sarmiento en su periódico. Un verdadero chillido que se oyó allende las fronteras y obligó al presidente del gremio de los ricos, amigo de Santos, a chillar en defensa de sus ricos. Y al hijo del Presi a jalarle las orejas en público, como en cualquier monarquía.Y entonces uno pregunta si acaso ser rico es malo en Colombia. La gran diferencia con el comunismo de Venezuela es que éste pretende nivelar por lo bajo, mientras el capitalismo nuestro motiva el emprendimiento privado como motor de desarrollo. Es cuando uno cae en la cuenta que el discurso de los ricos es usado para otros menesteres. Como para conseguir respaldos populares a la negociación con uno de los carteles de drogas y de terror más ricos de la historia universal de la infamia. Es allí cuando aparece el desvelo que lo lleva a uno a hacer preguntas incómodas: ¿De qué ricos hablamos? ¿Será que los que deben chillar son los que pagan impuestos y cumplen la ley? Allí apareció la canción “Y llorando me dormí”. Feliz Navidad.

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