Pedir perdón

Junio 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Nos amenazaron con el terrorismo si no aprobamos el acuerdo con las Farc, y con subirnos los impuestos dizque para financiar la guerra. Ahora nos dicen que hay que pedirles perdón por “haberlos conducido a que estén 60 años dando bala porque tenemos una sociedad injusta, una sociedad que no ha creado las oportunidades, que no ha creado las condiciones para que tengamos un país más justo”.Hasta allá han llegado los argumentos con los cuales pretenden llevar a la sociedad a agachar la cabeza, a no pensar en el paso que se está dando y a aceptar sin cuestionarse lo que se está haciendo en La Habana. Con miedo que se promueve desde la Presidencia de la República, con amenazas que reviven escenas como la de la voladura del club El Nogal de Bogotá o el secuestro en la Iglesia de La María en Cali. Esos hechos se produjeron no porque la inmensa mayoría silenciosa de ricos y pobres que trabajan y construyen futuro sin acudir a la delincuencia les hayan hecho daño a las Farc, sino porque sus cabecillas eligieron hacer el mal, de manera libre y espontánea, ante la incapacidad de las autoridades para defender a los colombianos como se debe. Y no fueron perpetrados por personajes marginados por la injusticia que padecemos los cuarenta y siete millones de colombianos sino por sujetos que convirtieron el horror y la violencia contra sus semejantes en industria próspera. Ellos se enriquecen a costa del sufrimiento de miles de sus semejantes a los cuales torturaron, secuestraron, asesinaron, extorsionaron, empobrecieron, esclavizaron. Ellos no han dado razón de más de dos mil desaparecidos en su poder y son hoy los amos del más grande cartel de drogas ilícitas del mundo, de ciento cincuenta mil hectáreas de cultivos ilícitos de las cuales se lucran sin vergüenza, de miles de hectáreas devastadas por la minería ilegal.En Cuba se está firmando un acuerdo con las Farc, el primer intento casi exitoso por terminar en forma pacífica la violencia del peor grupo de terror en la historia de América. Pero no debe olvidarse porqué llegaron sus jefes a esa mesa, ni se puede afirmar que con ello empieza la paz en Colombia. Ni debe desconocerse que en esa decisión pesó el rechazo unánime de pobres, de la clase media y de los ricos a sus barbaridades, obligando al Estado a actuar como corresponde contra un cáncer que amenazó con destruir las libertades y la civilización en Colombia.Entonces, que el Alcalde de Cali solicite que le pidamos perdón a las Farc no parece ser argumento para una sociedad confundida por el terrorismo y por las amenazas para que acepte el acuerdo. Está bien que un próspero industrial y buen ser humano como Maurice Armitage perdone a quienes lo secuestraron y hasta les pida perdón por lo que él considere necesario.Pero como autoridad no puede pedirnos que nos declaremos culpables de esa violencia que fue creciendo por la crueldad que aprovechó la falta de autoridad para cubrir de sangre a nuestra sociedad. Él no puede pedir que nos sintamos culpables de que el crimen se haya convertido en parte de nuestras vidas, de la forma en que se llevan niños y los transforman en máquinas de terror, de la pobreza que han sembrado ante los ojos impasibles de los gobernantes.Que las Farc les pidan perdón a los colombianos, lo que nunca han hecho. Y que el alcalde de Cali no nos pida que nos declaremos culpables de los años en los cuales hemos sido víctimas de las Farc.

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