Paz y unanimismo

Abril 02, 2017 - 07:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Pese a las dificultades que han producido la improvisación y los errores, todo indica que avanza la desmovilización de las Farc. Sin embargo, para la gente del común sigue el enigma sobre qué va a pasar, sobre las armas y los desmovilizados y sobre las consecuencias de lo que está sucediendo.

No hay duda sobre lo impactante de las fotos publicadas hace un mes que muestran las columnas guerrilleras desplazándose a las zonas veredales donde deben ubicarse. Con ello se empezó a demostrar que lo del fin de las Farc como movimiento armado era cierto, lo que al final es lo que todos estamos esperando, así no estemos de acuerdo con el procedimiento usado para desconocer la voluntad popular expresada en el plebiscito del 2 de octubre de 2016.

Pero de allí en adelante, las cosas han caído en un espectáculo de afirmaciones y rectificaciones, de comunicados y desmentidos que le hacen mucho daño a esa imagen de realidad. Y por paradójico que parezca, han puesto al Gobierno contra la pared, mientras las Farc actúan como tolerantes dirigentes que les ayudan a las autoridades a cumplir sus compromisos.

Por ejemplo, la construcción de las Zonas Veredales ha estado cercana al caos. Hoy, ninguna está terminada, algunas más crudas que otras, los jefes de las Farc exigen cosas puesto que no existe un documento que defina su dotación y faltan los sitios para depositar el armamento.

Y lo de la entrega de armas ha sido patético. Cuando iniciaba ese proceso, las Farc se negaron y la comisión de verificación dijo que no podía iniciarse porque no habían llegado los contenedores. Y mientras el presidente Santos dijo el 18 de marzo que eran 14.000 las que entregaría la guerrilla, ha terminado en lánguidos y polémicos informes que hablan de unas cuantas por un lado, de cien o algo más en otro y de otras mil, según el delegado de la ONU que ya habla de caletas ocultas.

Al final, nadie sabe cuántas armas devolverán en la fecha estipulada por el acuerdo del Teatro Colón, o de La Habana, ni cuáles son sus características ni si están todas las que son. Aunque se supone que las Fuerzas Militares tienen el dato, la gente no lo sabe, y debe atenerse a los contradictorios informes que salen de las múltiples dependencias, ministerios, ONG, y comisiones multilaterales creadas para el que llaman posconflicto.

El otro aspecto es que la coalición gobiernista está dispuesta a sacar adelante el alud de normas con las cuales se pretende cumplir con los compromisos adquiridos. Pero aún no se sabe cuáles son ni cómo se aplican. En el tropel en el cual se ha convertido el ejercicio del Poder Legislativo, se emitió la ley de amnistía y próximamente el Acto Constitucional sobre la Justicia Especial de Paz.

Pero nadie sabe a quién se le aplicarán porque las Farc no han entregado la lista de sus integrantes. Ese vacío ha llevado a que, como ocurrió con la entrega en Tumaco de 117 personas que dicen disidentes, sean sus jefes los que tengan la facultad de decidir a quién se le aplica la amnistía, quiénes serán juzgados por crímenes de guerra y a quién le negarán su militancia.

En esas está el proceso, mientras los escándalos de corrupción no dejan espacio para otras cosas y el oficialismo se empeña en condenar las marchas que ayer se realizaron en todo el país y a descalificar a sus promotores. Así se estigmatiza la protesta social y política y se censura a la oposición que salió a la calle para demostrar que Colombia no acepta el unanimismo.

Sigue en Twitter @LuguireG

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad