Otro país

Noviembre 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Mientras el secuestro del General en el Chocó duerme el sueño tenso de la liberación, otro país parece despertarse. Y empieza a crujir, ante la confusa propuesta para resolver sus problemas.Durante meses, el único tema del Gobierno y los medios que le hacen coro ha sido la supuesta paz con las Farc. Tal parece que no existe en Colombia asunto más acuciante que la negación con ese grupo ilegal. Todo gira a su alrededor, buscando la manera de lograr que la sociedad acepte las concesiones que se le tratan de vender con el argumento de que ello significa la paz que todos anhelamos.Hasta que el Brigadier General se adentró en la selva chocoana, vestido de civil y acompañado de una abogada, un soldado y un perro, y cayó en manos de la guerrilla. Allí se encontraron con la fragilidad de la negociación y cayeron en la trampa de quienes saben exprimir hasta la última gota la angustia de las víctimas de sus secuestrados, de sus familiares y de quienes pretenden sacarles la firma que significa el fin de su violencia. Entonces todo el aparato estatal guardó silencio.Pero empezó a emerger la realidad de un presupuesto desbalanceado para el 2015, producto del afán por gastar, de la caída del petróleo y el vencimiento del plazo al 4 por mil y al impuesto al patrimonio para el 2014. O de una justicia que ya no funciona, que está de espaldas al ciudadano y que parece imposible de reformar. O de una Unidad Nacional cada vez más desobediente e interesada en el engrase.Nadie puede negar que hemos tenido un crecimiento económico importante y que se ha reducido los índices de pobreza y desempleo. Eso se debe parcialmente al aumento de la inversión extranjera que ha llegado a niveles superiores, gracias entre otras cosas a las ventajas tributarias que se les ofrece. También es cierto que los inversionistas colombianos están aprovechando las gangas, por lo cual, cómo no, han estado agradecidísimos.Pero ahora empiezan a cambiar las cosas a partir del déficit fiscal que se avecina por la caída libre del petróleo y los minerales que apalancaron la propensión a gastar, a pesar de que hace cuatro años anunciaron que iba a hacer un ahorro de divisas provenientes de la bonanza, para evitar la enfermedad holandesa que denunciaron muchos analistas. Ahora, las cosas son a otro precio.Y empieza por la protesta de don Luis Carlos Sarmiento en el editorial de su periódico El Tiempo, por el proyecto de reforma tributaria que creará el impuesto a la riqueza. Según el Ministro de Hacienda, no hay de qué preocuparse porque esos impuestos los pagarán 50.000 contribuyentes.Hasta que protestaron don Luis Carlos en El Tiempo, la Andi, Fenalco y cuanto gremio exista. Entonces, el Presidente Santos sacó el as. En el banquete del Minuto de Dios dijo que era un malentendido, y que en adelante, el impuesto a la riqueza se llamará “impuesto contra la pobreza”. ¡Zin Zalambím! Arreglado el problema, volvamos a la negociación con las Farc: copiemos la idea de Gustavo Petro y contratemos jóvenes que vayan de casa en casa explicando lo de esta negociación. ¡Eureka!Quedan faltando por resolver la crisis de la Justicia, la quiebra de la Salud o la violencia que sigue amenazando a los colombianos. Para eso ya no es importante porque hoy sueltan al Brigadier General y entonces volveremos a hablar de paz, aunque “Timo” nos haya amenazado. El resto, los problemas verdaderos, que los maneja el abogado, el doctor Néstor Humberto Martínez.

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