Otra vez el secuestro

Otra vez el secuestro

Febrero 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Es como la maldición de Colombia, algo que se usa para recordarnos el daño que nos pueden hacer al quitarle la libertad a cualquier ser humano. Y nosotros repetimos el macabro ritual de su regreso, si es que nos los devuelven vivos, mientras los victimarios repiten una y otra vez su promesa de que no tienen más personas en su poder. Es de nuevo el secuestro. El pasado viernes se repitió por enésima vez el espectáculo triste de la caravana ‘humanitaria’, encabezada por la Cruz Roja para recibir de las Farc a Cristian Camilo Yate y a Víctor González, los policías plagiados. Allí empezó el show en el cual le dan las gracias a las Farc por su generosidad a través de Telesur y doña Piedad dice que es el momento más feliz para Colombia, sin preocuparse por exigirles a los victimarios que dejen de secuestrar.Es el espectáculo de siempre: días y días de anuncios, conformación de comisiones para recibirlos y los ‘colombianos y colombianas por la paz’ que vuelven a ser protagonistas al ser escogidos por las Farc para realizar el atroz rito. Es la organización que nunca ha condenado el secuestro pero revive con cada una de esas devoluciones para recordarnos que debemos aceptar las atrocidades del terrorismo y negociar con sus ejecutores. Entonces volvemos a llenarnos de analistas con lenguajes rebuscados para tratar de convencernos que el secuestro es inevitable, como si estuvieran en nuestros genes de colombianos. Vemos que se intenta explicar que los plagios realizados por las Farc son distintos (¿menos crueles o más humanitarios?) que los que realiza el ELN a los mineros que extorsiona y a los alemanes que acusa de espías. Y ni siquiera mencionan los que aún realiza la delincuencia común ya sea por venganzas entre mafiosos o para cobrar sus deudas. Atrapado entre la estrategia de la guerrilla de usar sus crímenes para hacer propaganda mientras habla de paz, el gobierno evita exigirles algo que debe ser innegociable si se quiere llegar a la paz: no secuestrar. A cambio, sus voceros dicen hoy que es inevitable porque se dialoga en medio del “conflicto” y al otro día exigen la liberación, reconociendo su error al quitarle trascendencia a la atrocidad del secuestro. Por eso el Ministro de Defensa vocifera contra los “narcoterroristas” mientras otros se explayan en discursos para tratar de convencer al país sobre la voluntad de negociación de las Farc.La diferencia de lo que ahora sucede con lo de antes es la duración de los secuestros. De resto es la misma crueldad que mostraron los campos de concentración del ‘mono Jojoy’. Y persiste un silencio misterioso sobre los cientos de secuestrados que las Farc nunca devolvieron a pesar de haber cobrado varias veces los rescates. Claro, a ‘colombianos y colombianas por la paz’ no les conviene condenar ese silencio porque implicaría renunciar al protagonismo que les proporcionan y transmite en exclusiva Telesur, el canal de Hugo Chávez. Y a la guerrilla no se refiere a ellos porque los obligaría a confesar los horrores que cometieron con miles de personas. Uno, dos, tres, cientos. ¿Qué importa el número? Lo que debe producirse es el rechazo al secuestro como la peor forma de envilecer la condición humana. ¿Acaso no nos indignan las tragedias que miles de colombianos han padecido durante décadas por acostumbrarnos a convivir con el secuestro?

VER COMENTARIOS
Columnistas