Oigan a la gente

Noviembre 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Hasta hace poco, las Megaobras eran la mejor demostración de que los caleños recuperaron la confianza en el gobierno y que estaban dispuestos a pagar por el desarrollo de su ciudad a través de valorización. Ahora se están convirtiendo en la prueba de fuego a la capacidad de gestión y la transparencia de la administración municipal.En los últimos cincuenta años la valorización ha sido fundamental para el desarrollo de Cali. Hasta que los malos gobiernos y la corrupción estimularon la evasión de los impuestos y contribuciones, además de que se liquidó la oficina que la administraba por orden de los acreedores del Municipio. Por eso, la ciudad tiene un atraso enorme que contrasta con el impulso que la caracterizó.Cuando al alcalde Jorge Iván Ospina se le ocurrió mencionar el proyecto que después se convirtió en las Megaobras, gran parte de la ciudad lo sorprendió con un amplio voto de confianza. Al entregarle por anticipado más de $180.000 millones, la gente le dijo que cree en él, y que la ciudad debía hacer la inversión que le propuso.Ahora no parece haber una comunicación clara entre lo que los ciudadanos están diciendo y lo que el gobierno está haciendo. A la gente empieza a parecerle sospechoso que se empiece a aplazar las obras, después de haberlos convencido de su importancia. Que se hable de atrasos de cuatro o seis meses, o que se le pida al Concejo la ampliación de los plazos para iniciar la segunda etapa. Es como regresar a épocas que parecían superadas, o repetir lo que ocurre en Bogotá con Samuel Moreno.Entonces, la gente está inquieta y pregunta ya quién va a pagar los costos de las demoras. También es grave lo que ocurre con el hundimiento de la Avenida Colombia. Ahora resulta que no tiene licencias del Ministerio de Cultura y que es posible que no se haga, según lo dio a entender el Alcalde. De otra parte, y entendiendo su deseo de promover figuras nuevas en la administración pública, siempre fue una incógnita que Ospina rechazara, o por lo menos ignorara, las recomendaciones que le hicieron para que designara un gerente de reconocida trayectoria y experiencia. O que hubiera designado al Secretario de Hacienda en esa función, para después desnombrarlo. Sin desconocer la libertad del Alcalde para designar a personas de su confianza, es claro que un proyecto tan ambicioso debería tener al frente alguien cuyas actuaciones le generen tranquilidad a los que están pagando $800.000 millones por valorización.Por eso, lo mejor es explicarle a los caleños lo que está sucediendo con el plan que se les ofreció. Y que se oiga a quien quiere ayudar, en vez de dejarse llevar por desconfianzas absurdas o por afanes políticos de corto plazo.Las Megaobras pueden significar el despegue de Cali como ciudad cívica dispuesta a invertir en su progreso. O pueden ser un lodazal donde se hunda de nuevo la confianza de los caleños, si se persiste en cerrar los oídos a los reclamos y las inquietudes de quienes aceptaron o no pagar la valorización.PD: ¿es cierto que el estructurador del proyecto de las Megaobras es el mismo que se inventó la figura con la cual pretenden entregar Acuavalle y el de las tristemente célebres vigencias futuras del Departamento, por las cuales cobró $13.000 millones? ¡Sería fatal!

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