¡Oh, júbilo inmortal!

¡Oh, júbilo inmortal!

Marzo 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Álvaro Uribe, Gustavo Petro, ‘Timochenko’, Piedad Córdoba, la W radio, todos quieren una Constituyente. Es decir, la solución no está en las leyes, como pensaron quienes se inventaron el contrato social, si no en acabarlas y refundar la república de acuerdo a los particulares intereses.Alguien decía que el gran problema de Colombia está en el fetichismo jurídico. Es decir, si hay una discusión, creamos una ley. En cambio, si no hay esa discusión, también creamos una ley. Por eso todos somos jurisconsultos. Y cuando nos crearon la tutela, la manera de pasar por encima de los códigos con la disculpa de defender los derechos fundamentales, encontramos la forma de demostrar nuestros profundos conocimientos y la ineptitud del sistema judicial. Pero el asunto de fondo es que para que la ley sea la solución tenemos que aceptarla y acatarla. Y estar pendientes de sus resultados y sus efectos para adecuarla a nuestras realidades por medio de la jurisprudencia. Eso es válido para los que hacen la política y llegan al Congreso a legislar. Es decir, a hacer las Leyes o modificarlas. Y para los poderes públicos, incluyendo al Presidente y a los Jueces que deben cumplirlas y hacerlas cumplir, como dice su juramento.Pero eso no parece ser importante en la nueva política. Ahora se trata de llegar a las instituciones, tener todo el poder, luego decir que no sirven y eliminarlas, empezando por el control de legalidad a sus actos. O hacer la violencia para luego, miles de muertos después, decir que la culpa es de la Constitución por lo cual hay que derogarla y crear otra que garantice impunidad.Entonces, la idea es vivir en la interinidad permanente. Es decir, todo está entre interrogantes y nada es sólido. Es decir, que tiemblen los porteros y los empresarios y los funcionarios públicos y los jueces y las amas de casa y los ricos y los pobres y todos los que piensan que en la estabilidad y el acatamiento al contrato social están la clave de la tranquilidad, de la política seria y del progreso social. Como los principios de Mao en su librito rojo, lo importante es mantener viva la revolución en la revolución. Es decir, el caos que crea, como cualquier Big Bang.Así se unen intereses tan disímiles como los del expresidente Uribe que gobernó ocho años y al parecer le quedó faltando, el populismo irascible de Petro a quien echaron de la Alcaldía de Bogotá por malo, doña Teodora que ya no sabe qué más hacer para recuperar su protagonismo, las emisoras que quieren audiencia y las Farc, para cuyos jefes las normas importan un carajo. El fondo de todo es no tener instituciones sólidas y funcionarios que las defiendan. El asunto entonces es refundar la república, imponer criterios personales, asegurar impunidades eternas, conseguir audiencias. No importa que la gente no esté interesada en esas Constituyentes y sólo quiera que la Ley se cumpla y se respete como garantía de concordia y de paz.Entonces se pregunta uno por qué no hemos desarrollado la Constitución del 91 y ya queremos derogarla. Y por qué hacemos un proceso para reintegrar a las Farc a la sociedad, cuando lo que sus jefes quieren es desconocer los principios que hacen posible cualquier sociedad. Y se desconcierta cuando ve las coincidencias de Álvaro Uribe, Gustavo Petro, ‘Timochenko’, Piedad Córdoba y la W radio. ¡Oh, confusión, oh caos¡ ¡Oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal!

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