Nuestro Balance

Diciembre 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Corría el año 91. Debajo del palo de mango, en el parque Panamericano, unos personajes instalaron una carpa, dos tocadiscos y un equipo de sonido. Así se inició una de las expresiones más importantes de la cultura popular en Cali. Era un combo encabezado por Gary Domínguez y formado por los DJ Richard Yory, Gonzalo Ramos y Osman, el cual se empeñó en llevar a espacio público los discos que la gente guardaba en sus casas como tesoros, o que se reproducían en las salsotecas ubicadas en los garajes y las salas comedores de las casas. Gary, el fundador de la Taberna Latina en 1981, le vendió la idea a María Eugenia Montoya. Y convenció al maestro Larry Harlow, quien, asombrado, se paró ante los 500 espectadores que disfrutaban de la locura organizada, los sentó en el prado del parque y les echó un discurso sobre Arsenio Rodríguez. Arrancó entonces el destape del sentimiento acumulado en la ciudad. Después llegaron coleccionistas de la talla de Isidoro Corkidi o Toño Salcedo, y la complicidad de quienes en Corfecali entendíamos el encuentro como un fenómeno que creaba lazos insospechados en una ciudad que despertaba. Una “cultura underground”, que genera vínculos indestructibles alrededor del Log Play. Fue la cultura que Gary se encargó de buscar casa a casa, en una moto y armado de cartas firmadas por el alcalde de entonces, invitando al Encuentro de Salsotecas y Coleccionistas. Allí, alrededor de una tarima donde el protagonista eran los propietarios de los discos, el acetato y el maestro aguja, la gente empezó a dar el espectáculo de concordia y convivencia más importante de Cali. Fue un fenómeno que convocó a personajes como Humberto Corredor o el taxista millonario de Nueva York, y llevó al maestro Jhony Pacheco a declararla como la Capital Mundial de la Salsa, después de encontrar allí un disco que él grabo en 1957 y nunca más pudo recuperar. En 1993 montamos los encuentros en el Parque de la Música. Cada mes llegaban miles de personas a las audiciones en las cuales no había un policía. Era la música dando lecciones de civismo y la gente mostrando sus tesoros, mientras la ciudad miraba lo que ocurría. Tan grande eran el entusiasmo y la audiencia que en varias ocasiones debimos recurrir a Emcali para que cortara la luz, la única forma de concluir el evento. Después, Gary se convirtió en el DJ errante por Nueva York y Puerto Rico. Aparecieron asociaciones que movían miles de coleccionistas que destaparon el tamaño del movimiento, ya impulsado por el CD. Y funcionarios venales desvirtuaron el sentido del encuentro, convirtiéndolo en un rumbeadero más donde el disco empezó a ignorarse y las borracheras reemplazaron la convivencia. Ahora se llama Encuentro de Coleccionistas, Melómanos y Salsotecas. Y en su versión número 21, el disco, los coleccionistas, la gente y la convivencia volvieron a ser los protagonistas. Allí están los dueños del acetato. Y aparecieron los medios electrónicos “que desde las Canchas Panamericanas transmiten a Polonia o Siberia o Nueva York”, recordándole al mundo que la clave de Cali está en la música.Han pasado 21 años, y nosotros, con Gary de nuevo a la cabeza, hacemos Nuestro Balance, como lo cantó Tito Rodríguez: “Sentémonos un rato en este bar, a conversar, serenamente…”. ¡Feliz 2013!

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