¡Nos echaron!

¡Nos echaron!

Abril 22, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Como si no fuera suficiente con la tragedia que nos ha causado la violencia crónica y el intento de resolver el problema con pañitos de agua tibia, ahora nos echan del Ecuador. Y la respuesta de algunos es culpar a los ecuatorianos y a sus víctimas por la violencia que exportamos.

Con justa razón, el presidente Lenín Moreno y todo su país están indignados por lo que sucede en la frontera donde el narcotráfico que nace en Colombia y ha destruido gran parte de Nariño, ya desbordó los límites de la cordura. A cambio, aquí salen los analistas del oficialismo a decir que eso no es nuevo, que es causado por la inocencia de los ecuatorianos para enfrentar el asunto, que sus Fuerzas Armadas son débiles comparadas con las nuestras.

Y así aparecen las explicaciones sobre el vil asesinato de los tres periodistas que fueron a la región a cubrir la noticia, o del secuestro de dos jóvenes que fueron mostrados con cadenas en sus cuellos y rogando por su vida. Mientras en Ecuador están conmocionados por las escenas de horror que lastiman el alma de cualquier ser humano, en los medios bogotanos o en una columna de este diario llena de estupideces muestran esos hechos como algo normal y a las víctimas como responsables por haberse metido en la boca del lobo a cumplir con su deber de periodistas.

Pues ese engrendro del mal con el cual convivimos, con el cual nuestro presidente se ganó el premio Nobel de paz, es el causante de la indignación de Moreno y los ecuatorianos. Ese narcotráfico que no hemos querido erradicar, con el cual siempre hemos transado y que fue perdonado en la negociación con las Farc como delito político, logró que nos echaran de Ecuador.

Es que detrás de él están todos los delitos posibles, empezando por el secuestro, siguiendo por el asesinato y culminando por el terrorismo indiscriminado. Pero nosotros ya no lo vemos porque desde el gobierno tratan de convencernos sobre la llegada de la paz aunque la violencia nos inunde e ignoremos la verdadera característica de las guerrillas, los paramilitares y los narcos.

Para nosotros, esas monstruosidades pueden ser objeto de negociación, como lo hizo Neville Chamberlain en Munich con Adolfo Hitler y Benito Mussolini. Como en el Caguán y en La Habana o en Cartagena, interesa su firma para mostrarla y ganar medallas, aunque sigan matando, secuestrando, extorsionando o destruyendo el país con el narcotráfico y el terror.

Lo que importa es que Bogotá esté a salvo, así el Catatumbo, el Pacífico o tantas otras regiones vivan infiernos infestados de crímenes. Que las fronteras, desde San Andrés hasta Leticia, sean focos de pobreza y delincuencia, mientras en el centro se divierten con la campaña presidencial que no dice nada o se hace eco a la ofensiva de quienes desde Asofondos presionan para que entreguen todos los recursos del sistema pensional al oligopolio financiero.

Por eso, el presidente del Ecuador acaba de echar de su país a la mesa con el ELN. Le parece inmoral que sigamos negociando hasta la eternidad con los secuestradores y terroristas que ya llegaron a su país. Es su manera de interpretar la indignación que sienten los ecuatorianos por lo que les estamos contaminando.

Pero aquí no lo entienden y creen que es mejor seguir negociando con criminales e ignorando su barbarie que comprometerse a acabar con el narcotráfico que está destruyendo el país que nos queda. ¡Qué pena!

Sigue en Twitter @LuguireG

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