Nos dejó el tren

Nos dejó el tren

Agosto 15, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Adiós a la posibilidad de un puerto de aguas profundas en Bahía Málaga y en el Pacífico. Es una de las consecuencias de no pesar en las decisiones nacionales, algo que durante décadas fue importante para los presidentes en Colombia.Hace 50 años, Carlos Lleras Restrepo dijo que el meridiano de la política en Colombia pasaba por el Valle. Hoy somos noticia por la forma en que Abadía usó la Gobernación para imponer su camarilla. Hace 60 nos adelantamos inventando la CVC para aplicar el plan Lilienthal y desarrollar el valle geográfico del Cauca. Hoy, la CVC es presa de las dentelladas que le asesta el clientelismo, mientras desde Bogotá sueltan migajas para callar el grito de la pobreza en el Pacífico y nos dicen que ya es suficiente con una carretera.En medio de esas paradojas, el Valle tiene una sociedad hinchada por las migraciones que llegan huyendo a la pobreza y la violencia del Pacífico y del suroccidente colombiano. Y buscando protección en una región cuya riqueza ya no alcanza para atender el éxodo impulsado por la ausencia de Estado que renunció a la ventaja de tener 2.000 kilómetros de costas sobre el mar Pacífico y se la dejó al narcotráfico.La miopía sobre el Pacífico y la falta de liderazgo en el Valle llevó a cancelar la Zona Económica Especial de Exportación, hace 8 años, sin que nadie reclamara al ministro Jorge Humberto Botero y al presidente Álvaro Uribe. Y debimos esperar una catástrofe para que el ministro Andrés Uriel Gallego autorizara, de mala gana, la doble calzada a Buenaventura. Es la carretera que esgrimen cuando reclamamos desarrollar el Pacífico, mientras nos enrostran los subsidios que a través de Familias en Acción reparten, claro, con la ‘colaboración’ de gamonales como el senador Martínez.La forma en que un ministro del Medio Ambiente desconocedor del Pacífico, clausuró a Bahía Málaga con una triste resolución y un día antes de dejar su cargo, demuestra a dónde hemos llegado. Ese ministro ignoró el crimen ambiental que se cometía en Zaragoza. Sin duda Bahía Málaga demanda un debate sobre el impacto de un puerto en su medio ambiente. Lo insólito es que el ministro Plata se refiere a la ecología en apenas 2 de las 17 páginas de su resolución, dedicando el grueso del argumento a la protección de la “diversidad étnica y cultural de la nación colombiana y a las riquezas culturales de ésta”. ¡Vaya disparate!En efecto, la resolución 1501 de 2010 es una larga explicación del deber de proteger a las comunidades negras e indígenas que habitan a Málaga. Un catálogo de disculpas para impedir el puerto basado en demagogias, porque el Estado no va a atender esas comunidades, como no lo ha hecho en 500 años. Un Estado que ha desconocido siempre las condiciones lamentables que viven, pero las usa para justificar otra decisión más contra el desarrollo del Pacífico.Eso fue posible porque al Valle lo dejó el tren de Colombia, y a los pocos que se atreven a defender el puerto en Bahía Málaga los descalifican en Bogotá. Porque aquí estamos atrapados en las trapisondas de Abadía, mientras los gobiernos nacionales le dan la espalda al Pacífico y sólo lo usan como recurso retórico. Por eso vemos como un día tenemos gobernador y al otro no, o padecemos las vagabunderías que se apoderaron del Departamento, mientras la Nación nos mira con conmiseración. ¡Qué pena!

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