¡No hay Derecho!

Junio 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Da pena ver cómo la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia es despedida con mariachis cuando viaja a un congreso de quién sabe qué en España, su foto durmiendo allí es publicada en internet y luego es recibida como la “magistrada viajera” por una banda de pueblo. Si los Magistrados quieren oír, allí está representada la protesta de los colombianos por la forma en que algunos de los responsables del Poder Judicial interpretan su función dentro del Estado. Se dirá que la doctora Ruth Marina Díaz no ha cometido ninguna infracción a la ley. De hecho, el Procurador General ya la absolvió, al declarar que ella no incurrió en falta alguna al tomarse cinco días de licencia remunerada, montarse en un crucero por el Caribe y decir que allí trabajó. Pero a nadie puede quedarle duda que como funcionaria y presidenta de la Corte, ella tiene obligaciones que van mucho más allá de ceñirse a los reglamentos laborales. Es que es la representante de la Justicia en Colombia. De la que es acusada frecuente de morosidad y de no atender a los reclamos de los ciudadanos, agobiados por la impunidad y la falta de decisiones que mantienen en la incertidumbre cientos de miles de litigios entre particulares o de estos con el Estado. En fin, de la Justicia encargada de ratificar a diario la vigencia del Estado de Derecho como medio para mantener la concordia en la Nación y como demostración suprema de que Colombia ha superado la barbarie para aceptar la ley como recurso para no matarnos cuando pretendemos que se respeten nuestros derechos. La doctora Díaz debe estar dolida por la reacción que la tiene en la picota pública. Es posible que piense en lo injusto de las burlas a las cuales es sometida ella, la representante de uno de los poderes públicos y objeto de homenajes, condecoraciones e invitaciones. Ella, la sucesora de Augusto Ibáñez el iluminado que declaró el siglo de los jueces en Colombia, no puede ser criticada porque la Corte no ha elegido cuatro magistrados en los últimos dos años. Ni porque la falta de ellos se refleje en la parálisis que mantiene en duda los derechos de miles de personas. Pues bien hay otros que no piensan lo mismo y reclaman cambios de fondo en la Justicia. Y no precisamente los que se pretendieron decidir en la infame reforma que el Gobierno debió abortar hace un año. Son los que entienden el ejercicio de la magistratura como una obligación legal y moral con Colombia; como una actividad fundamental para lograr la paz, más importante si se quiere que las negociaciones con las Farc en La Habana.Las burlas a la Magistrada no son entonces contra ella como persona que merece respeto. Ante todo, es la protesta creciente contra lo que ocurre en la Corte Suprema, en el Consejo de Estado, en el Consejo Superior de la Judicatura y en la Corte Constitucional. Es la protesta contra la falta de un juez que juzgue a los Magistrados porque la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes es un sainete que solo sirve para burlar el principio constitucional de que todos somos iguales ante la ley y todos debemos responder por nuestros actos.Por eso, los mariachis y las papayeras despidieron y saludaron a la Presidenta de la Corte. Lo que es mucho más que una burla: es la consecuencia de la ausencia de justicia en Colombia. Como exclamó una amiga muy querida, ¡aquí no hay Derecho!

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