“Monstruosidad bíblica”

Octubre 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ante el alud de retórica y contradicciones, declaro que no entiendo lo que ocurre en la negociación con las Farc. Y creo que si siguen pensando que son las palabras las que todo lo resuelven, se agotará el léxico mientras la guerrilla seguirá burlándose y haciendo lo que se le da la gana, aprovechando el papayazo que les ofrecen. Es que es difícil de entender que el Primer Mandatario cite al Palacio de Nariño a los partidos que lo respaldan para hacerles una encuesta sobre si termina, suspende o continúa el proceso, y al otro día proclama en Neiva que está dispuesto a renunciar a la reelección si con ello se consigue la paz. Al fin, qué: ¿Se termina, se sigue o se suspende la reelección? O, ¿se sigue, se suspende o se termina el proceso con las Farc? Y claro, éstas se ríen mientras vuelven al terrorismo que destruye oleoductos y torres de energía, ofreciendo una suspensión que ayude al Gobierno a resolver la encrucijada en que está por culpa de la reelección y del proceso. Pero el enredo tiene un antecedente más profundo. Es que desde las esferas oficiales se empeñan en equiparar la negociación en La Habana con la paz, es decir, con el fin de la violencia. Error monumental que elevó a las Farc de criminales a salvadoras. Y mientras, quienes desconfían de ellas y tratan de poner el asunto en las debidas proporciones son tachados de enemigos de la paz. Ah, las palabras. Por ejemplo, alguien propuso que un referendo se pueda realizar el día de unas elecciones, lo que trata de asegurar que la consulta popular no naufragará por falta de votantes. Es decir, la propuesta en trámite no significa aprobar la realización del referendo o los referendos. Pues bien, así no es: ahora resulta que la propuesta es un “referendo para la paz”. Así de simple. Sin que se explique que aún no hay acuerdo, que el referendo es para ratificar o rechazar ese acuerdo y que debe presentarse un proyecto de ley para autorizarlo, el cual debe ser discutido y aprobado por el Congreso. O sea, como dice un amigo, ni hay acuerdo, ni hay referendo. Lo que sí existe es un galimatías propio del realismo mágico. Que empieza cuando se desconoce que el 98% de los colombianos rechazan a las Farc y temen la celada que están tendiéndole al Gobierno con el cuento de la Paz. Entonces, ante las reacciones porque se usa la palabra paz para devolver legitimidad política a los peores criminales en la historia de Colombia, el Gobierno recurre de nuevo a la retórica. Y empieza a quedarse sin palabras. Y aparece el doctor Humberto de la Calle. Y desempolva su pasado de poeta nadaísta y el lenguaje a lo Gabriel García Márquez: Monstruosidad Bíblica, llama al hecho de que se logre un acuerdo con las Farc, “y la sociedad desarmada (¡) lo haga inviable”. Según esa frase, el problema no está en que los negociadores no estén de acuerdo con lo que piensa la Nación, sino en que ésta no esté de acuerdo con lo que acuerdan los negociadores.Juro entonces que ya no entiendo. Y prefiero esperar a que pasen las elecciones, junto a las cuales no votaremos ningún referendo porque ya no hay tiempo. Es que las Farc prefieren una negociación permanente porque es la única manera de mantener su carácter de organización política y de ocultar su tenebrosa estela de terror y muerte, esa sí, de una monstruosidad Bíblica.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad