Milagros de la música

Septiembre 05, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Sentado en el Teatro Municipal, frente a la Orquesta Filarmónica de Cali dirigida por David Mackenzie, y deleitándose con la voz de Sherry Williams, el caleño puede entender que aquí, en medio de la confusión que vive su ciudad, los milagros son posibles. Eso pasó el jueves. Lo mismo siente cuando está en la Sala Beethoven de Bellas Artes, escuchando a James Ehnes, un verdadero genio del violín, que interpreta las obras más importantes como si lo hiciera el compositor. Más aún cuando sabe que a Ehnes lo acompaña Andrew Armstrong, pianista que “ha encantado al público del mundo y ha sido aclamado por la crítica por su expresión apasionada y por su deslumbrante técnica en el piano”, según reza la presentación que de él hace la revista Número. Otro milagro ocurrido el viernes.O cuando se sienta en los recintos del Centro Cultural a escuchar y participar en los variados conversatorios que tendrán lugar desde la próxima semana dentro del Festival Mundial de Salsa. Allí puede entender las razones por las cuales esa clase de música se convirtió en el aglutinante de una sociedad creada por las migraciones de culturas, razas, necesidades e historias. Y puede disfrutar de personajes, historiadores, escritores e inventores de la mitología popular, tan necesaria para construir imaginarios colectivos.La unión de Ajazzgo y Proartes hizo el primer milagro. No ha sido fácil para Beatriz Monsalve y Diego Pombo mantener durante 10 años un festival de jazz que ya es reconocido por su calidad y organización en el concierto internacional. Como tampoco ha sido fácil para Amparo de Carvajal, Mariana Garcés y Paul Dury el tener con vida a una orquesta filarmónica, e invitar figuras como Sherry Williams y el maestro Mackenzie a un recital. En ambos casos, la gestión por conseguir recursos ha sido una labor titánica que supera la barrera construida por empresarios incrédulos y dirigentes públicos indiferentes ante el poder transformador de la cultura. Aparte de la inolvidable noche que nos brindaron, hay que reconocer la emoción y la entrega de Williams y Mackenzie, y de la misma orquesta, ante el cariño y el calor con que fueron aplaudidos por un público particularmente sensible. Así deben sentirse los miembros de la Fundación Salvi y los maestros James Ehnes y Andrew Armstrong, ante la acogida que les brindaron en la Sala Beethoven. En su concierto, los caleños reconocieron el esfuerzo por traer a su ciudad unos músicos excepcionales.Es lo que hace la música en Cali: unir en la diversidad, crear oportunidades para que la gente se reconozca. Y lo logrará mientras existan soñadores que persisten en impulsar la cultura a pesar de la incomprensión y el escepticismo. Por eso, la Salamandra del Barco Ebrio con su Ajazzgo, Proartes, la Fundación Salvi y el Festival Mundial de Salsa merecen el más grande de los aplausos al permitir que la música haga lo suyo.***Insólito: en una emisora escuché que la Comisión Nacional de Televisión se prepara a sancionar a la Arquidiócesis de Tunja, operadora de un canal llamado Santiago. La razón: presenta la misa dominical sin advertir que “el siguiente programa no contiene escenas de sexo o violencia” (!). De ser cierta la sanción, además de un abuso, sería la peor de las estupideces.

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