Melodrama

Agosto 22, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Tres gobernadores en menos de cuatro meses, sus finanzas arruinadas y una incertidumbre ya insoportable sobre la suerte que correrá el cargo más importante del que fuera el primer Departamento del país. Esa es la realidad que ni siquiera el Gobierno Nacional se atreve a desenredar, pese al daño que le causa al Valle.Duele tener que insistir en un tema que no debería ser motivo de preocupación en una región donde se supone se han alcanzado grados de desarrollo que le permiten superar las manipulaciones políticas generadas por el atraso. Y debe ser más incómodo aún para el gobernador Francisco Lourido, a quien le garantizaron que estaría en ese cargo hasta el 31 de diciembre de 2011 y hoy debe soportar los ataques de Juan Carlos Abadía y su corte por recuperar el cargo, los esfuerzos de Gustavo Álvarez Gardeazábal por desestabilizarlo, los afanes de un sector de la prensa que piensa más en el negocio que en los intereses de la comunidad y las dudas ya eternas del Gobierno Nacional.Infortunadamente, el progreso no ha sido tanto. La política vallecaucana es manejada con descaro por las nuevas castas que pretenden legitimarse y sin escrúpulos acorralan a los pocos dirigentes que sí se esmeran por prestar un servicio público honesto. Un negocio que se hace a espaldas de los vallecaucanos, se manipula en el silencio de quienes deberían ejercer el control político y se disfraza con la publicidad financiada con los presupuestos públicos. Esas castas son las que sufrieron un duro golpe con la destitución del gobernador Abadía.Pero los nuevos detentadores del poder tienen abogados expertos en los entresijos de los códigos y aprovechan la capacidad de algunos periodistas para causar confusión. Y los usan, mientras el Estado parece impotente para controlar las embestidas del clientelismo y la corrupción que subsisten de la ubre del presupuesto departamental. Por eso, la destitución de Abadía fue seguida de tantos insucesos que ya es difícil describirlos. Y el gobierno sigue dando palos de ciego, a la espera de una luz que le permita resolver una crisis que acabó la credibilidad de la Gobernación del Valle.Ante tales realidades, los vallecaucanos, muchos de los cuales ya le dieron la espalda al Departamento, están hastiados de la insoportable ola de rumores y consejas que se tejen alrededor del Gobernador. Ni qué decir de la vergüenza que produce el manoseo que ha debido padecer el doctor Lourido, a la espera de que el Gobierno Nacional tome una determinación, sea cual fuere. Está claro que la incertidumbre sólo beneficia a esas nuevas castas que depredaron los recursos departamentales mediante artimañas como las vigencias futuras por $650.000 millones y los contratos de publicidad dirigidos a promover el culto a la personalidad de su símbolo, el ex gobernador Abadía.Ante tal incertidumbre, lo que corresponde es pedir a las autoridades nacionales que terminen con el melodrama que padece el Valle y lo protejan de las maniobras del clientelismo. Que se respete la dignidad del Departamento y al doctor Francisco Lourido, hoy inmersos en una confusión que no se compadece con la historia de logros y bondades construidos por una institución que cumplió 100 años de existencia. Es cuestión de dignidad y decoro.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad