¿Magistrada de todos?

Junio 04, 2017 - 07:15 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

La elección de Diana Fajardo en la Corte Constitucional es la peor muestra del manoseo y la politiquería con la que se gobierna a Colombia. Como en las acusaciones contra el magistrado Carlos Bernal, que votó a favor de precisar los límites del Fast Track, ese fue otro ejemplo de cómo lo que importa es el afán de hacer política con la Paz.

Además de ser nuera de un magistrado asesinado por el M19 en la toma del Palacio de Justicia, la señora Fajardo posee una respetable carrera judicial y sus actuaciones pueden calificarse como ajenas a cualquier intento por hacer política con el poder de definir la suerte de las normas que desarrollan el acuerdo con las Farc. Sin embargo, su elección fue una grotesca operación clientelista encabezada por el presidente Santos, dirigida a asegurar los votos que necesitaban para evitar que se caigan en la Corte los decretos y leyes expedidos mediante el Fast Track.

Lo que se produjo fue entonces la búsqueda del mejor juez con los mejores conocimientos del derecho constitucional. Fue un espectáculo triste donde se vieron hasta amenazas del flamante Senador Benedetti, quien dijo que si no la elegían, las Farc se retiraban del acuerdo. Y donde se puso a la señora a expresar que, palabras menos, ella no era una traidora como el magistrado Bernal, que no voto como quería la aplanadora del Gobierno.

Ese fue otra afrenta a la Justicia. El doctor Bernal no votó contra el Fast Track, como lo afirmó Humberto de la Calle. Él hizo lo que tenía que hacer como jurista: usar su criterio y sus conocimientos para respaldar la decisión que cortó parte del bozal con el cual la mayoría silenció al Congreso cuando renunció a las facultades y obligaciones que le fija la Constitución Nacional.

Y lo crucificaron. Traidor, mentiroso, aprovechado, desleal, le grita la jauría de políticos, empleados públicos y medios de comunicación que conforman la maquinaria oficial. Todo porque, según parece, a él lo eligieron para cumplir órdenes del Ejecutivo como cualquier miembro del Tribunal Supremo de Maduro, y no para resguardar la Constitución.
Ninguno de sus contradictores de hoy e interesados electores de ayer ha tenido la decencia de reconocerle a Bernal su criterio y su independencia, valores indispensables para ser buen juez. Ese antecedente se lo aplicaron ahora, con saña, a la doctora Fajardo, quien ya no es “la Magistrada de todos” pues entró a formar parte de los magistrados que son calificados por su militancia política aunque no la tenga, y no por su rectitud, criterio jurídico y carácter, aunque le sobren.

No creo que estemos todavía en una dictadura ni que nuestro presidente sea como Maduro. Pero sí tengo claro que para él, la negociación con las Farc se convirtió en obsesión que no lo deja pensar en el bien general, le impide construir un consenso nacional, lo aisló de la voluntad nacional y lo hizo desconocer el resultado del plebiscito del 2 de octubre.

Ahora, la aplanadora oficial se empeña en mostrar la elección de la doctora Fajardo como el triunfo con el cual asegura el votico que impida declarar inconstitucional lo que sea inconstitucional en sus decretos y leyes vía fast track. Por eso no es extraño que el presidente Santos sólo tenga un 14% de respaldo en la opinión pública según el último sondeo de Yanhaas, mientras los paros y las protestas brotan silvestres.

A propósito, ¿qué hay de Buenaventura, señor Presidente?

Sigue en Twitter @LuguireG

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