Maduro con Cabello

Abril 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Muerto el caudillo, a Venezuela y a América Latina le cambiaron la dieta. Para bien o para mal, ahora deberá comer Maduro, como resultado de un régimen amañado y corrupto que usa la ley para disfrazarse de democracia y mantenerse en el poder.El discurso del Presidente elegido por el Consejo Nacional Electoral de Venezuela fue el anuncio, o mejor, la notificación de lo que espera a los venezolanos. Nada de hablarles de sus problemas y ofrecerles soluciones, o de un programa de gobierno para los próximos seis años. Nada de buscar la unión del país para lograr beneficios comunes a toda su nación. Ahora es cuestión de señalar a los que no votaron por el que se denomina hijo de Chávez, los que lo derrotaron en las urnas así el CNE haya permitido el fraude y lo proclame elegido.Y de achacarles problemas como la violencia que ya supera en víctimas a Colombia. O de acusarlos de saboteadores que producen constantes apagones, como si la destrucción del sistema eléctrico no fuera responsabilidad exclusiva del régimen chavista. Es que Maduro sigue en campaña, el recurso para ocultar los fracasos de su jefe Chávez y para tratar de mantener el apoyo popular que se desmorona porque no le creen. Y amenaza ya con desmantelar la libertad que queda en Venezuela, apoyado en unas Fuerzas Armadas cómplices del mal gobierno y de la corrupción.Al lado de Maduro estará Diosdado Cabello, quien ya dio muestra de su talante fascista en la Asamblea Nacional, al negarle el uso de la palabra a los diputados de la oposición y vociferar contra cualquiera que se atreva a desafiar el totalitarismo. Es el nefasto amigo de las Farc, enriquecido por la inmoralidad, sediento de poder y jefe indiscutido de los grupos paramilitares que amenazan, matan y constriñen en toda Venezuela. Está por verse cuánto tiempo aguantarán Cabello y los militares que lo siguen antes de dar el golpe contra el sucesor de Chávez.Esa es la tenaza que hoy gobierna la patria de Simón Bolívar. A partir de ahora, nadie puede esperar el renacimiento de la igualdad o la concordia en el vecindario. Lo que sigue es la radicalización de un régimen cuyo norte político lo dictan los hermanos Castro y cuyo respaldo está en sectores de las Fuerzas Armadas socios de la corrupción y jefes de reconocidos carteles del narcotráfico, en una Justicia al servicio del abuso y en legiones de grupos armados por el Gobierno para imponer el terrorismo de Estado contra sus opositores.Y Colombia tendrá que aguantar tal amenaza porque el señor Maduro y su compinche Cabello, el amigo de las Farc, son garantes del diálogo que se realiza en La Habana. Es decir, debemos guardar el mismo silencio obligado que guardan los países que reciben petróleo regalado por los sucesores de Chávez y los que, como el Brasil, venden a Venezuela lo que se les ocurre y al precio que se les ocurre a cambio del respaldo al régimen. Maduro con Cabello es la dieta que empezó el pasado viernes en Venezuela, condenada a la división, el odio y la compra de conciencias como fórmula para gobernar y lograr silencios cómplices. Eso fue lo que los miembros de Unasur no quisieron ver, dándole un espaldarazo que desconoce la voz de la mitad de los venezolanos a los cuales les escamotearon en forma descarada su victoria del pasado 14 de abril.

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