Los restos

Mayo 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

A falta de veintisiete meses para terminar los ocho años de su régimen, el presidente Santos hizo otra apuesta para apuntalarlo. El resultado es la terna para Fiscal General, el remiendo del gabinete ministerial y el último impulso para su negociación en La Habana. La cosa se produjo de manera precipitada y por una crisis que nadie esperaba. Aunque el detonante pareció ser la manera en que se incluyó al abogado de todos, el mentadísimo Néstor Humberto Martínez, en la terna para suceder a Montealegre, aún no está claro por qué se fue la directora de orquesta, la doctora María Lorena Gutiérrez, reconocida por su capacidad ejecutiva y quien le hará mucha falta a quien ya se le nota el agotamiento por tantos años de ejercer o no el Poder Ejecutivo.La pérdida de la que era la reina de la baraja en el Gobierno, obligó al Presidente a repartir de nuevo. Así, este será el cambio para constituir lo que se espera sea el último de los gabinetes de la paz y el primero del posconflicto. En él incluyó personajes de la provincia y uno que otro de rancia estirpe bogotana que deberían ampliar el respaldo político al ya desmadejado gobierno.El Mandatario incluyó a Clara López, ilustre fracasada del Polo Democrático que debió renunciar a la presidencia de ese partido y fue rechazada en forma clamorosa por sus copartidarios. También nombró a un exalcalde de Tunja quien en su partido Verde sólo es apoyado por un exalcalde de Cali y uno que otro jefe de menor cuantía. El resto, como Antonio Navarro Wolf, lo despreciaron. En la misma mano incluyó a un exalcalde de Manizales para congraciarse con su partido de la U y de paso quitarle a Vargas Lleras su principal carta, el Ministerio de Infraestructura. Además, incluyó a un exgobernador del Chocó, afroamericano que no parece haber hecho mayor cosa en el poco efectivo plan del Pacífico. No obstante, hay que darle el beneficio de la duda en el Ministerio del Medio Ambiente, el más manoseado junto con el de Minas y Energía, donde nombró, ¡oh sorpresa!, a un bugueño que han trasteado por todas partes y nadie sabe qué partido lo respalda.Con los sobrevivientes, los nuevos constituyen el que se espera sea, ahora sí, el gabinete de la paz. Ninguno de los nombrados mueve la aguja del respaldo popular al Gobierno. Si nada extraño pasa, serán las cartas de la última mano, aunque los liberales samperistas de Serpa y gaviristas trinen de la furia porque no les dieron más puestos. Pero la Unidad Nacional se denominará la Unidad por la Paz aunque sus integrantes están cada vez más dispersos.Es el gabinete que enfrentará la firma del acuerdo, ya sin supra o súper ministros y con el regreso de un Secretario General y de los gastados Altos Consejeros. Con ellos se jugará la partida de La Habana, a donde acaban de llegar dos cartas conocidas: el tenebroso ‘Paisa’, el rey del terror de las Farc, y don Roys Barrera, ilustre alfil del clientelismo y conciencia jurídica de iniciativas que naufragan, la una en la Corte Constitucional y la otra en el Congreso.Este puede ser mes de sorpresas. No sería extraño que para celebrar el 27 de mayo, 52 aniversario de la fundación de las Farc, nos anuncien otra sorpresa como el cese bilateral del fuego, que en la práctica ya existe ante el silencio sumiso de la Fuerza Pública. Total, ya nadie se acuerda de aquello de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.Así, el presidente Santos echó sus restos, a veintisiete angustiosos meses de terminar su gobierno.

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