Los porros de Colombia

Los porros de Colombia

Abril 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Viendo las garroteras y escuchando los insultos que profieren los más altos próceres del acontecer nacional, alguien preguntó si se acabaron los principios y los improperios reemplazaron el idioma responsable en la política de Colombia. Cuando en Colombia se discuten asuntos de singular importancia, lo que parece ocurrir es que se acabaron las ideas. Desde el presidente hasta los expresidentes, ministros, procuradores, congresistas y toda suerte de dignatarios, prefieren el insulto y la procacidad que descalifica antes que la propuesta que enriquece la discusión pública. En ese escenario desaparece la política destinada a mejorar la vida de una Nación y se empieza a imponer el señalamiento y la intolerancia que ignoran responsabilidades y dejan al país confundido y enfrentado sin remedio. Es difícil entender que un Ministro del Interior o de la política, el encargado de construir el consenso por difícil que sea, califique de “guerrerista y de ultra derecha” a un expresidente, por el hecho de decir que no comparte la posición del gobierno en el proceso de paz con las Farc. Y que el expresidente le conteste que no habla con el “camarero de Pablo Escobar”, como si eso le diera fortaleza a sus argumentos. ¿Qué de bueno aporta esa guerra de improperios?Tal reyerta es a su vez la consecuencia de la guerra verbal planteada entre el expresidente Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos. Sin duda, Santos aguantó por meses la embestida retórica de su antiguo socio y jefe. Pero ahora, los epítetos rumban: “enemigos de la paz”, “envenenadores del proceso”, “aves de mal agüero”, propaganda negra”, enemigos de los militares”, son algunos de los calificativos con los cuales el Primer Mandatario de los colombianos responde los insultos de Uribe, quien no ahorra en sus acusaciones de mentiroso, traicionero, falso o vendepatrias. Los que deben estar muertos pero de la risa son los de las Farc.Y como si no tuviéramos suficiente, el Procurador General de la Nación toma el micrófono para no quedarse atrás, olvida el trasnochado lenguaje greco quimbaya que usaba para defender sus tesis y el latín de sus oraciones, para descalifica también cuando debería dar ejemplo. En el debate sobre el matrimonio homosexual acusó a sus contradictores de inventar “entre porro y porro y entre pase y pase el deporte de estigmatizar a quienes no aceptamos determinadas ideologías” Es decir el asunto no es de argumentos para defender principios sino de decirles drogadictos a los que no comulgan con sus ideas y critican sus actuaciones. Por eso no es de extrañar que los defensores del gobierno usen el improperio contra las opiniones contrarias, mientras el bando contrario se despacha con un lenguaje igual o peor que los medios de comunicación recogen, algunos con alarma y no pocos con deleite, pensando en los titulares que venden. O que el buen secretario de tránsito de Cali califique de “mierda” a la ciudad. Y entre tanto, los partidos desaparecen, víctimas de su mediocridad, de su temor a romper con el poder que les da prebendas. Al parecer, a los dirigentes políticos y a los funcionarios públicos se les olvida que la gente se cansa de ese lenguaje y de tanta gazapera. Así, a punta de porros, se entierran las ideas y se saca el hacha de la barbarie.

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