Los peores socios

Septiembre 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Se vino la crisis, nombraron unos cuantos ministros y ahora dan a entender que ya todo pasó, cuando nada ha pasado. Y mientras tanto, las Farc se regodean en Cuba, esperando la delegación de congresistas que buscan con desespero la foto con la guerrilla para pasar a la historia. Las dos últimas semanas cambiaron todo. Primero fue el paro campesino que permitió a los ministros bogotanos descubrir que la papa que ellos comen las producen campesinos de Boyacá. Y que esos campesinos de todas las regiones están abandonados por cuenta de lo funcionarios empeñados en hacernos creer que salimos del tercer mundo, que los problemas del campo se arreglan con la negociación en La Habana y que la pobreza aquí está en vías de extinción. Pues los campesinos se encargaron de estallar esa burbuja. Y las Farc, de demostrar que son capaces de causar el caos sin necesidad del terrorismo. Que se han transformado y usan la agitación a través de sus satélites como la Marcha Patriótica, aprovechando el espacio que les da el presidente Santos con su obsesión en convencer a los colombianos que la negociación con la guerrilla es igual a la paz que todos queremos.Tanta miopía para entender qué pasa en la provincia colombiana, generó una crisis pocas veces vista. Y produjo un estallido que lleva dos semanas y no parece tener fin próximo. Estallido que hace un daño terrible porque destruye la confianza que llevamos diez años construyendo, además de poner a temblar una posible reelección. Y todo porque, además de demostrar el descontento larvado entre los campesinos que no tienen voz porque ni los gremios ni los partidos los representan, el Gobierno sigue empeñado en negociar como sea con las Farc, repudiadas por el 98% de los colombianos, según la encuesta de Gallup. Precisamente esa encuesta es la que produce los cambios en el gabinete ministerial. Cambios apresurados que antes que unir van a dividir aún más porque dan la idea de ser un movimiento desesperado que recuesta al gobierno en el samperismo, para tratar de salvar los muebles, además de autorizar a los congresistas, encabezados por Juan Fernando Cristo, presidente del Senado y uno de los escuderos de Samper, a viajar a Cuba para “dialogar” con las Farc sobre un referendo que nadie sabe cómo va a realizarse. Con ello, el presidente Santos desconoce una de sus promesas cuando se iniciaron los diálogos y profundiza su dependencia de lo que ocurra en La Habana, ignorando que lo que está ocurriendo con los paros tiene relación directa con el aire que le ha dado a la guerrilla. Eso es no entender lo que piensan los colombianos, que repudian a Samper y están cansados de las manipulaciones con la paz. Y si a ello se suma la ineptitud para manejar la protesta, se puede encontrar la razón de la caída más estrepitosa de la historia colombiana en el respaldo a un presidente. La encuesta de Gallup muestra que la gente quiere la paz pero rechaza lo que ocurre en La Habana. Que tiene a las Farc como su gran enemigo y no entiende por qué hay que aceptar su amenaza diaria mientras infiltra la protesta social, y pregunta por qué revivieron a Ernesto Samper, el político más desprestigiado de Colombia. Por eso, las Farc y el samperismo son los peores socios del presidente Santos para su reelección.

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