Los mismos en las mismas

Agosto 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Como es de esperarse, la política en el Valle está candente. Y en medio de los hechos que se cuecen está el silencioso pero efectivo accionar de quienes pretenden retomar la Gobernación para seguir aprovechando el gobierno en su beneficio y sin importar los daños que ocasionen.Hoy es corriente ver en los medios de comunicación los esfuerzos de Ubeimar Delgado por llegar a la Gobernación. También es corriente escuchar a la señora Alba Leticia Chávez por la U, al candidato liberal o a el exsenador Élmer Arenas. Y no faltan los esfuerzos de algunos jefes políticos de trayectoria como Germán Villegas y Dilian Francisca Toro, tratando de armar un rompecabezas casi imposible bajo el nombre de Unidad Nacional. Son las negociaciones normales en una elección donde se juega el poder departamental en la Asamblea y la Gobernación.Pero casi nadie habla de un señor Héctor Fabio Useche, exsecretario de la tristemente célebre Gobernación de Juan Carlos Abadía. Nadie sabe quién es, salvo que fue secretario de Salud y que en su despacho morían las cuentas de cobro de hospitales y clínicas, vaya usted a saber porqué razón, al mejor estilo de su jefe Abadía. Muy pocos se refieren al poder que hay detrás de él, el de otro de sus jefes, Juan Carlos Martínez, que usó las 72 horas que le dieron en la cárcel de Barranquilla para venirse a pastorear el rebaño. Es el de las 25 o 31 alcaldías que, según dicen, manejan los dueños del partido Mío que antes se llamaba PIN y antes ADN y antes el MPU.Es el movimiento que acabó con la Gobernación del Valle en menos de tres años, metiéndola en negocios ruinosos como las Vigencias Futuras. El que se apoderó de Acuavalle y se niega a entregarla por que eso significa descubrir los negociados y las maniobras escabrosas que dejaron a su paso los designados por el “partido mayoritario”, uno de cuyos hilos se maneja desde la cárcel “El Bosque”. Es el que usa el poder para cualquier cosa menos procurar el bien común para los vallecaucanos.Sin embargo, es el que siempre gana. Y esta vez está dispuesto a usar el poder de sus 31 ó 25 alcaldías, los restos de Acuavalle, los puestos que ha conseguido a nivel nacional y los empresarios que en silencio los respaldan a la espera de jugosos contratos y concesiones. El poder de comprar silencios y complicidades, sabedores de que la elección de Gobernadores y Asambleas es el más grotesco ejercicio de maquinaria y clientelismo para abusar de la representación popular.Son los mismos con las mismas y en las mismas. Ya se sabe que lo de menos es Useche por que el mango de la sartén está entre “el Bosque” de Curramba y Guacarí. Y que, como cada cuatro años, se está aceitando la maquinaria que produce votos en los computadores de la Registraduría. En otros términos, estamos listos para repetir la historia que protagonizó Abadía, pero con otro nombre.Pero, por extraño que parezca, esa manguala sigue en la sombra. Y el carnaval electoral avanza. Mientras los protagonistas, jefes, líderes y aspirantes, siguen su brega como si nada ocurriera, pocos periodistas se atreven a ponerle la luz, a denunciar las componendas de la trinca que quiere volver a apoderarse del Departamento del Valle. Es la misma apatía de siempre, es el mismo silencio que producen el temor y la complicidad. ¿Hasta cuándo?

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