Los mejores amigos

Mayo 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¿Es cierto que Venezuela es usada como refugio por las Farc y el ELN, así como puente para exportar la cocaína que producen sus frentes? ¿Es cierto que son protegidos por los jefes del chavismo y los militares de ese país, muchos de los cuales son sus socios?Si esas dos preguntas se respondieran como debe ser, otra cosa estaría sucediendo. Y no tendríamos que recibir comunicados y fotos donde nuestra Canciller con su gesto displicente y el de Venezuela con su cara de yo no fui, tratan de mostrar lo imposible. Es claro que las relaciones diplomáticas son una fachada que explota con habilidad por el chavismo, y que la amistad que Chávez trata de demostrar al presidente Santos le sirve para tapar sus nexos con ‘Iván Márquez’, con ‘Timochenko’ y compañía. Los trazos de vuelos ilegales demuestran cómo Venezuela es hoy la ruta más importante para la droga que, infortunadamente, Colombia sigue produciendo. Y las denuncias de toda clase sobre la existencia de un cartel manejado por generales venezolanos indican que el negocito seguirá siendo próspero y protegido. Así, la financiación a la criminalidad seguirá siendo la peor amenaza contra la vida de los colombianos. Sólo que ahora, guerrilla y narcotráfico también están destruyendo a la sociedad venezolana como lo demuestran el incremento de secuestros, desplazamientos y criminalidad en todos los estados que lindan con Colombia. Así como ya se sabe que los verdaderos detentadores del poder en Venezuela son los militares, ya no hay duda sobre el peso que la guerrilla tiene en la política de ese país, como lo han hecho en Colombia. Con distintas características, puesto que allá el poder está conectado con esas formas criminales, mientras que aquí, el descubrimiento de la relación del crimen organizado con la elección de Ernesto Samper nos obligó a tomar conciencia. A pesar de ello, la relación de la política con grupos y personajes delincuentes siguen siendo una pesadilla de la cual no parece haber forma de zafarse. Ante la amenaza que significan, lo que debió producirse fue una unión sincera para combatir enemigos comunes. Pero eso no será posible mientras el moribundo Chávez y su corte sigan con su agenda particular marcada por una ética en la cual no cabe la defensa del interés general. Y mientras las Fuerzas Armadas venezolanas sigan afectadas por ambiciones personales, inmoralidad y corrupción.Por eso se producen hechos como el ataque que mató a doce soldados en la Guajira. Y en Venezuela seguirán acampando los jefes (¿capos?) de las Farc y el ELN. Es que ellos no tienen fronteras ideológicas o patrióticas y deben intervenir con mayor fortaleza en la política venezolana para proteger el patrimonio que han amasado en el país vecino para reemplazar sus pérdidas en Colombia. Entonces, ya no debe haber duda sobre la relación del chavismo con las Farc y el ELN. Esos, que son los verdaderos mejores amigos de Chávez y su combo, son también los peores enemigos del pueblo venezolano. Es lo que tiene que aceptar el Gobierno Nacional, para que pueda entender la inquietud de la gran mayoría de los colombianos.Y de paso, así evitará ver como opositor a cualquiera que exprese su inconformidad sobre la relación de Colombia con el chavismo. E impedirá que los trinos y las declaraciones estridentes acaben de polarizar a la hoy confundida opinión pública.

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