Los males del café

Marzo 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Luego de ser la estrella de la economía y de la estabilidad social, al café le llegó el momento. El peor momento causado por la combinación de factores, unos que afectan su organización y otros que golpean a todos los sectores productivos de Colombia. El primer factor es la Federación de Cafeteros que debiera ser el líder en la soluciones pero ya no lo es. Hoy, los problemas del café se discuten en escenarios donde no está la agremiación, donde se habla de disturbios y paros en vez de productividad, beneficios y bienestar para los cafeteros.La razón está en la decadencia que llevó a la Federación a vender un patrimonio levantado con el esfuerzo de 530.000 familias y el respaldo de los gobernantes, en épocas en que representaba mucho más que los intereses económicos de sus afiliados. Además de demostrar que la agricultura puede ser exitosa, los cafeteros cambiaron al país y construyeron el tejido social más importante de la sociedad colombiana. Pero esas características la llevaron a ser botín político, dejando de ser la respetable organización de antes cuando sus gerentes eran protagonistas de primer orden en la vida nacional. Después de ser patrimonio de la Nación, llegaron los vientos que arrasaron con sus empresas y le entregaron el poder real al Gobierno de turno, sembrando la semilla de la enorme crisis que hoy padecen los cultivadores del grano. Es que hasta los técnicos de la Federación, antes soporte del agricultor pequeño, son pagados por el gobierno y ahora se dedican sólo a mantener estadísticas. Y la elección de su gerente es influida por el clientelismo que ingresó en la época de Gabriel Silva y hoy naufraga en un mar de dudas y fracasos. Esa es una de las causas de que la producción cayera a menos de ocho millones de sacos anuales. En tanto, al Gobierno se le ocurre proponer una constituyente cafetera que no será encabezada por un cafetero. Por eso, el diálogo ya no es sobre café sino sobre paros y protestas. Y en ese diálogo, la Federación ya no es la interlocutora: ahora deben sacar al Ministro del Interior, otro bogotano que entre otras cosas no conoce el interior. Refiriéndose a la situación, un testigo de la vida cafetera me dijo: “Al actual gerente de la Federación solo lo eligió el 65% del gremio (primera vez en la historia) sin los votos de los grandes productores Antioquia, Caldas, Quindío, Tolima y Cundinamarca, entre otros. En esta campaña la mas rancia manzanilla electorera emergió y pudo Silva mantener en la gerencia a un sucesor, Luis Genaro Muñoz, para que defendiera su mediocre gestión”.El otro factor es la crisis nacional que no es sólo del café y no se debe exclusivamente a la caída del precio internacional. Es que la bonanza de la minería y el petróleo, combinadas con una apertura desbordada y con el afán de gastar del Estado, golpean a los agricultores y a la industria. Es que estamos felices comprando productos importados mientras los productores nacionales y los agricultores en particular pagan las consecuencias, reflejadas en el desempleo que azota la provincia colombiana. Es la enfermedad holandesa que amenaza con convertirnos en otra Venezuela, donde el Estado resuelve todo con subsidios. Es la revaluación que destruye la poca capacidad de competir de la industria cafetera, golpeando de paso la organización social que la Federación construyó durante 86 años. Por todo eso, los cafeteros están en paro.

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